El pasado 10 de abril se conmemoró el centenario de la muerte del General Emiliano Zapata Salazar. Hombre sensible a los reclamos de su tiempo, vivió en carne propia la explotación de los terratenientes en el Estado de Morelos y luchó por restablecer los derechos de propiedad ancestrales de los más desposeídos: los campesinos. «La tierra es de quien la trabaja» fue su lema fundamental, en una época en la que México se debatía entre la difícil construcción de una identidad nacional después del sangriento siglo XIX, el marasmo político dejado por el porfiriato y la injusticia social que no dejaba despegar a una nación que cumplía casi cien años de vida independiente por aquel entonces. Por su lucha ante la injusticia, fue arteramente asesinado por las fuerzas del Gobierno Federal. Entre algunos de los ideólogos del zapatismo, figuraron Genovevo de la O y Otilio Montaño, campesinos, maestros y, este último, predicador metodista; ambos, redactores del Plan de Ayala, documento que marcó el rumbo de la lucha zapatista. Todos ellos fueron un estandarte de la reivindicación de los derechos del campesino, oprimido entre el amor a la tierra y la injusticia de la explotación del hombre por el hombre.
El 4 de abril, también, se cumplió el 51 aniversario luctuoso del pastor Martin Luther King Jr., caído en un atentado en la ciudad de Memphis, Tennessee, en los Estados Unidos. Luchador incansable por los derechos civiles de las minorías raciales de aquel país y del mundo, visionario de un mundo incluyente y justo, promotor permanente de la libertad.
Muchas veces, estamos alienados por todo tipo de “negocios” humanos que nos impiden la visión de Dios y nos hacen sordos a sus múltiples invitaciones.
Juan Simarro
Negocios que nos alienan, nos estresan, nos hacen perder las prioridades. ¿Se puede considerar actual hoy esa parábola que nos narra Lucas, la de la Gran Cena, en donde los ricos e integrados sociales no pueden acceder por estar alienados por sus negocios? ¿Nos alienan a nosotros también los negocios de la vida en torno al dinero, la situación social y el poder hasta el punto de no aceptar la invitación de Dios de una forma comprometida y sincera?
Hoy hay esclavos, cansados, agobiados que caminan por el mundo cargados por el trabajo de sus negocios. Algunos caminan por la vida bajo el yugo y el peso de las riquezas a cuya consecución dedican los mejores esfuerzos de su vida, si no todos. Otros, andan en situaciones no boyantes económicamente, pero igualmente preocupados por el negocio, el tener, el poseer. Quizás, los únicos resignados sean los pobres de la tierra, los que han sido tirados al lado del camino despojados de bienes y, en muchos casos, de dignidad.
Martin Luther King saluda desde el Lincoln Memorial tras las marchas de Washington en las que pronunció su discurso frente a 250,000 personas, el 28 de agosto de 1963. AFP.
Martin Luther King, Jr.: Viajero de la libertad, profeta de la esperanza
Toma mi mano, precioso Señor, llévame al hogar, Thomas A. Dorsey, 1932
Carmelo Álvarez
Para Martin Luther King, Jr. hay una relación estrecha entre la libertad como llamado ineludible que busca la justicia incesantemente y su expresión en un amor concreto y eficaz. Todos sus libros, sermones y conferencias se mueven hacia esa constante búsqueda. Más allá del amor sentimental está un amor que se ofrece y se da; se recibe y se promueve. Su propia vida estuvo enmarcada en una vocación suprema de responder al llamado de la libertad y luchar por la liberación de su pueblo afro-americano. Así lo narra en su libro, Viajeros de la libertad.
Una idea fundamental en esa autobiografía teológica es el sacrificio que implica la vocación de servir a una causa y luchar por ella. Toda vocación asume riesgos y acepta el sufrimiento como solidaridad fraterna desde la fe. El amor de Dios (ágape) es la fuerza y el poder que vence todos los prejuicios, remueve todos los obstáculos, particularmente la discriminación racial, y permite amar a los enemigos, siempre en la búsqueda de una sociedad más fraterna y justa.
La paz con justicia como acción concreta de la liberación necesita una dimensión ética que haga efectiva aquella justicia. Por eso Martin Luther King Jr. distinguía claramente entre las leyes justas y las leyes injustas. No basta con tener leyes o aun constituciones si ellas no promueven la vida digna, plena, con igualdad y equidad para todos los seres humanos. Sin plena liberación de todas las ataduras de opresión la libertad es sólo un concepto. En muchas de sus alocuciones aparecía una y otra vez la necesidad de que los y las afroamericanos asumieran su lucha en actos concretos a través de la no-violencia activa y militante.
En muchas empresas, por razones de seguridad, los empleados deben portar un gafete que los identifica como compañeros de trabajo. No hace mucho, mientras oraba por una persona que con mucho temor entraba al quirófano para que se le practicara una operación que tenía el riesgo de dejarla paralítica, me enteré que un compañero de trabajo era cristiano porque se puso a orar en voz queda junto conmigo. ¿Qué no sería bueno que los cristianos usáramos un gafete de identificación?
En los primeros tiempos de la iglesia, identificarse públicamente como cristiano implicaba el riesgo de ser encarcelado, torturado y hasta crucificado, decapitado o devorado por las fieras del circo romano. En nuestros tiempos, en el mundo musulmán, también es riesgoso que los demás sepan que uno es cristiano y, en varios países, como por más de 50 años lo fue en la desaparecida URSS comunista, declararse públicamente como cristiano, puede significar ir a la cárcel, sufrir tortura y pérdida de todas las posesiones y derechos humanos.
En algunas ciudades del centro y sur de México, las consecuencias de confesarse cristiano evangélico quizás no lleguen al martirio, pero no es raro que supongan persecución por parte de fanáticos que consideran al cristiano evangélico como un hereje digno de repudio, persecución, condenación, y castigo. Sin embargo, miles de valientes hijos de Dios han estado siempre, en todas las circunstancias y en todo lugar, dispuestos a honrar y obedecer a Jesús, que dijo: A cualquiera que me confiese delante de los demás, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mt. 10:33).
¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor
Pastor Fernando Fuentes Amador
No era un día común en Jerusalén, en la ciudad del Gran Rey se respiraba un ambiente de fiesta y celebración. La ciudad y sus alrededores estaban atestada de Peregrinos.
¿Qué celebración se tenía? Era la fiesta más grande, reunión a la que ninguno que llamándose hebreo, podía pasar por alto y ausentarse de ella. Todos eran convocados para la celebración de la Pascua llamada también el Pasaj, el memorial de la Gran Liberación de la esclavitud.
Se había cumplido el tiempo para que, de acuerdo a los planes y propósitos del Padre, Jesús hiciera su entrada triunfal. La mayoría en algún momento hemos leído la historia; Jesús entra en un pollino blanco, la gente tiende sus mantos y ondea sus palmas para la entrada y los niños cantan “Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hosanna”; alabanza que molestó a los Escribas y Fariseos. Su deseo era “Cállalos”, pero Jesús les desafió diciendo: Si estos no hablaran, entonces las piedras hablarán de mi persona, de mi llegada, de mi salvación.
Ministerio de edificación, transformación y discipulado bíblico
C.P. Cuauhtémoc Meneses Stama
MINISTRAR A OTROS: MINISTRE EN EL NOMBRE DE CRISTO
Recordemos la meta y propósito de los discípulos de Jesús: 2 Timoteo 2:21 dice “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra”. Aquí, Pablo insiste ante Timoteo (su discípulo), en que sea la clase de discípulo que Jesús pueda usar para sus más nobles propósitos. Deje que Dios lo use como un instrumento de su voluntad; y también recordemos que estamos en él “cómo” del discipulado cristiano y la sexta disciplina que el discípulo debe tener en su vida, que es ministrar a otros.
Debemos orar pidiendo la dirección de Dios, para que nos proporcione la materia prima para discipular (almas sin Cristo: nuevos creyentes). Una vez que tengamos una célula de formación de discípulos, debemos seguir orando para discipular a los nuevos creyentes y enseñarles la nueva vida en Cristo y que puedan relacionarse con otros, produciendo el fruto del Espíritu en ellos: paciencia, bondad y dominio propio. El resultado será que servirán a su Dios y Señor eficientemente. A través de las seis disciplinas que hemos estado compartiendo en el “cómo” del discipulado, se identifican cuatro recursos que están disponibles para todo discípulo: la Palabra, la oración, la comunión cristiana y el testimonio.
Un discípulo que crece, usa estos cuatro recursos para ministrar a los demás en el nombre de Cristo. El servicio que se presta en la formación de discípulos, se expresa en varios ministerios: • La Palabra nos conduce a un ministerio de enseñanza y predicación. • La oración nos conduce a un ministerio de adoración e intercesión. • La comunión con otros creyentes nos conduce a un ministerio de cuidados. • El testimonio nos conduce a un ministerio de evangelización. • La comunión cristiana y el testimonio nos conducen a un ministerio de servicios.
Del conflicto a la comunión: el futuro de los cristianos juntos en el mundo
Católicos, luteranos, metodistas, anglicanos y reformados disciernen pasos adicionales hacia una comunión eclesial más profunda y un testimonio común.
NOTRE DAME, Estados Unidos / GINEBRA. Marzo 29, 2019.
(LWI). ¿Cómo han cambiado las relaciones entre las comuniones cristianas mundiales que se han adherido a la Declaración Oficial Conjunta de la Doctrina de la Justificación por la Fe en las últimas dos décadas? ¿Cómo pueden hacer más visibles la nueva confianza y las amistades que han crecido entre ellos? ¿Y cómo pueden poner su poderoso mensaje de reconciliación al servicio de un mundo profundamente dividido?
Esas preguntas han estado en el centro de una consulta, que tuvo lugar en la Universidad de Notre Dame en Indiana, Estados Unidos, del 26 al 28 de marzo. La reunión reunió a ecumenistas de las cinco comuniones cristianas globales que afirmaron la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación (JDDJ , por sus siglas en inglés) , un acuerdo histórico de 1999 que resolvió efectivamente el conflicto central y divisorio de la era de la Reforma.
Originalmente firmado por los líderes de la Iglesia Católica y la Federación Mundial Luterana (FLM), el acuerdo se ha ampliado para incluir el Consejo Mundial Metodista, la Comunión Anglicana y la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas. Todas estas comuniones ahora están de acuerdo con el mensaje central de la salvación en y por medio de Cristo. Al estar juntos sobre esta base, los participantes expresaron una nueva urgencia de llevar este mensaje de vida al mundo de hoy, mientras continúan su trabajo teológico hacia la meta de la unidad cristiana.