La resurrección de Jesús: garantía de vida ante la injusticia hacia los más vulnerables
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.
Mateo 25:35-40
Al día de esta edición y como cada 30 de abril, en nuestro país se celebra el Día del Niño. Es una fecha especial establecida por los gobiernos de muchos países del mundo para recordar la responsabilidad de nuestra sociedad con los derechos de la niñez, a partir del sufrimiento vivido por ese sector de la población acaecido durante las grandes conflagraciones bélicas del siglo XX.
En su ministerio terrenal, nuestro Señor Jesucristo vino a dar dignidad a muchos grupos vulnerables: entre ellos, los niños, las mujeres, los pobres, los desposeídos, las personas con discapacidad y los marginados sociales ocuparon un papel preponderante. Ello derivó en un ministerio de cuidados para aquel que está en necesidad y que hoy nos brinda una gran oportunidad para llevar a cabo acciones transformadoras en el contexto de cada uno de esos grupos, abordando las causas que los generan y contribuyendo a la construcción del Reino de Dios y su justicia, mediante la acción social y la solidaridad.
Dr. Ernesto Contreras Pulido drernestocontreras@hotmail.com
Una de las principales actividades de Jesús durante los tres años de su obra terrenal y su ministerio público, fue el trato especial que demostró en favor de sus apóstoles, discípulos y otros grupos, como niños, mujeres y pobres.
El Evangelio dice: “Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallarán descanso para sus almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga” (Mt. 11:28-30).
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasara de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn. 13:1).
Apóstol quiere decir mensajero (alguien enviado por otro). A Cristo se le llama el apóstol de nuestra profesión (He 3:1), enviado de parte de Dios para salvar al mundo. La palabra apóstol aparece 78 veces en el Nuevo Testamento (68 en los escritos de Pablo y de Lucas).
La migración ha sido un fenómeno global desde los inicios de la humanidad. A pesar de su cotidianidad, las complejidades migratorias han aumentado la atención debido a sus impactos en los «paisajes demográficos, sociales, culturales, religiosos y económicos» tanto de los países de origen, cuanto de los receptores. Según la Organización Internacional para las Migraciones, las estimaciones globales reflejan que sólo el 3.3 por ciento de la población mundial es conformada por migrantes internacionales. No obstante, estos registros hasta la fecha han superado las tasas que se habían anticipado hace unos años [1].
Algunos de los conflictos armados recientes han obligado a las personas a buscar asilo político y, en caso de ser aprobado, un estatus de refugiado. Cuando los refugiados llegan a otro país, existen importantes repercusiones sociales, económicas, políticas, culturales y religiosas, para los inmigrantes y las sociedades de acogida, tal como se presentan en los aglomerados étnico-culturales en Estados Unidos o los recientes escenarios políticos europeos en los que los grande flujos migratorios de la región de Medio Oriente y África del Norte se han relacionado con el aumento de votos hacia partidos políticos con tendencias nacionalistas radicales [2].
Debido a estos impactos, la migración se ha convertido en un tema de investigación en ciencias sociales, estudios de ética social e inclusive, desde la teología [3]. Por lo tanto, es relevante explorar la relevancia de la ética de la hospitalidad, especialmente en tiempos de creciente radicalización y hostilidad hacia el «Otro».
«Principio social no. 2. Todos los hombres y mujeres, por haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios, tienen derechos que son inalienables. Fuera del ambiente de la iglesia cristiana estos son conocidos como derechos humanos. Defenderemos estos derechos».
Disciplina IMMAR 2018-22 p. 67.
“La Dignidad Humana es el origen, la esencia y el fin de los Derechos Humanos”.
Suprema Corte de Justicia de la Nación
“La distancia histórica, cultural y contextual, debe de ser salvada haciendo una revisión y actualización periódica de los principios que orientan nuestra actuación en la sociedad”.
Disciplina IMMAR 2018-22 p. 67.
Nadie al día de hoy puede negar la necesidad de una actuación e influencia mayor de la iglesia y sus principios cristianos en la sociedad. La manera y la forma lo tenemos enmarcado en nuestros Principios Sociales (Credo Social Disciplina IMMAR pág. 67-69 2018-22).
En la introducción al Credo encontramos los justificantes y evolución histórica de estos principios con los cuales no tenemos problema, a decir, la eliminación de la pobreza, la esclavitud, mejores condiciones de trabajo, de salud, etc. Pero el entorno social va cambiando y no se estancó en estos asuntos. La interpretación que se le da desde hace algún tiempo ya no es la misma, al día de hoy va más allá y quisiera enfocarme en los Derechos Humanos, los cuales en sí mismos engloban otras cuestiones de nuestro interés y cuidado.
Derechos Humanos (principios 2 y 5, e implícito en todos los demás).
Dignidad humana (principios 1 y 3, y descrito implícitamente en los demás)
Nuestro Señor Jesucristo declaró enfáticamente que nosotros sus seguidores somos la sal y la luz en este mundo (Mateo 5:13,14), y que como sus seguidores debemos hacer buenas obras para que otros, al verlas, glorifiquen al Padre (Mateo 5:16).
De aquí, pues, parte nuestra preocupación social, nuestro interés en los acontecimientos que convulsionan el mundo al que nuestro Señor Jesucristo nos ha enviado (Juan 17:18), y el deseo y responsabilidad de aliviar sus enfermedades, carencias y dolores (Mateo 25:31-46; Marcos 6:7-13; Juan 20:21,22; Hechos 2:43-47; Romanos 15:26,27; I Corintios 16:1-14).
Nuestro testimonio como cristianos en el mundo debe ser una señal de que el Reino de los cielos se encuentra ya entre nosotros. (Lucas 17:20,21; Mateo. 4:17).
«Se necesita gente para enfermar a la gente, se necesita gente para sanar a la gente». Pablo Hoff cita esta frase de otro autor en su libro «El pastor como consejero». Cuanta sabiduría emana de esta frase.
Los instrumentos que sirven para generar sanidad o lo contrario, son los seres humanos. Por eso, en el gran mandamiento y de manera estratégica, Jesús establece que lo primero es AMAR A DIOS (Mateo 22:37-40). Pues al amarle a Él llena nuestros profundos vacíos, sana las asperezas y terminamos convirtiéndonos en lo que amamos. Aunque esto no quiere decir que si amamos a Dios nos convertimos en Dios, sino que proyectamos su imagen y semejanza puesta en el estado Adámico.
Inmediatamente después, establece AMARSE A SÍ MISMO, para poder en esta condición AMAR A NUESTRO PRÓJIMO. No seremos capaces de hacer por uno o por muchos lo que no somos capaces de hacer por nosotros mismos. Me amo, entonces “amo”; me valoro, entonces “valoro”; me cuido, entonces “cuido a los demás”, y así sucesivamente. De la abundancia de nuestro corazón, de nuestro bienestar y apreciación, hablaremos, cuidaremos, bendeciremos y daremos. Tú estás bien, entonces tu familia estará bien, y así subsecuentemente a todos los que te rodeen.
Ministerio de edificación, transformación y discipulado bíblico
MINISTRAR A OTROS: MÁS MANERAS DE MINISTRAR
Estamos compartiendo “El cómo del discipulado bíblico” como fruto de mi experiencia con Dios en el Ministerio de Formación de Discípulos Espirituales, Discípulos Reproductores y Discípulos Colaboradores de mi Dios y Señor. Ya se le compartió dos ministerios y los recursos que conducen a su expresión en la vida de un discípulo. A continuación comparto un tercer ministerio, con su recurso correspondiente. La comunión cristiana nos conduce a un ministerio de cuidados.
UN MINISTERIO DE CUIDADOS
La comunión con los creyentes nos guiará, con el paso del tiempo, a discipular a nuevos creyentes. Una parte fundamental en la misión de la iglesia es cuidar a los bebés espirituales y ayudarlos a crecer hasta que lleguen a ser creyentes maduros. Dios le otorga a algunos los dones especiales de orientar y capacitar a otros en varias fases del crecimiento espiritual. Cristo se nos revelará según mantengamos comunión con otros creyentes. Un ministerio de cuidados podría implicar: • Orientar a los nuevos creyentes cuando tienen su experiencia personal del nacimiento espiritual y aceptan a Jesucristo como su Señor y Salvador. • Ayudar a los bebés espirituales, a comprender, el significado bíblico de tener vida nueva en Cristo. • Guiar a un grupo pequeño de discípulos a conocer lo que significa ser un seguidor de Cristo. • Animarlos a prestar servicio a su Dios y Señor, desempeñando cargos en su iglesia local. • Capacitar líderes espirituales. • Enseñar a las personas como presentar las buenas nuevas de salvación y preparar su testimonio personal de salvación. • Apoyar en sus necesidades íntimas, mediante la consejería bíblica.