Día: 31 de julio de 2019

Comunicado – Cartilla Moral

Estimado auditorio,
Representantes de los medios de comunicación,

Sea la paz de Dios con ustedes y nuestro saludo a nombre de la Iglesia Metodista de México, A.R.

La iglesia metodista es una iglesia cristiana que surge en Inglaterra durante el siglo XVIII bajo una intensa convulsión religiosa, social, política y económica. Desde el inicio, la iglesia metodista se ha caracterizado por escuchar la voz de quienes han sido marginados, predicar las buenas nuevas a quienes han sido heridos por la sociedad y caminar con quienes sufren exclusión. Con esta vocación, la iglesia metodista llegó a México ubicándose la mayor parte de las veces en las zonas rurales y urbanas con mayor necesidad, fundando escuelas, clínicas y otros centros de atención a la población, muchos de los cuales todavía permanecen.

Para la iglesia metodista sólo se puede vivir la vida cristiana cuando la fe está conectada a la acción a favor de la transformación de las más urgentes necesidades sociales. Estamos comprometidos con la “santidad social”, esto es, trabajar a favor de la vida digna para todas y todos, convencidos de que esto es voluntad de Dios y misión de la iglesia.

No nos es ajena la difícil situación de nuestro país, en especial respecto a los mortales índices de violencia que prevalecen en el territorio nacional. Somos conscientes de la necesidad de trabajar por la reconstrucción del tejido social y nos unimos al llamado por la pacificación del país. Creemos que la predicación de las buenas noticias de Jesucristo son el medio dado a la iglesia para cumplir con esta misión; predicación que debe transformarse en gestos y acciones concretas.

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EDITORIAL

Moral, con cartilla o sin cartilla

Uno de los flagelos que ha sufrido México durante siglos es la doble moral. La discrepancia entre lo que decimos y lo que hacemos. La paradoja entre lo que creemos –decimos- y las acciones cotidianas para alcanzarlo. Eso tiene casusas muy variadas que tocan lo histórico, lo idiosincrático, lo cultural, lo político, lo religioso y hasta lo espiritual.

El propio Gonzalo Báez Camargo lo señalaba a propósito del intento de definir el perfil evangélico protestante en América Latina en La Habana, Cuba, en 1930 proponiendo una renovación religiosa de la Hispanoamérica:

«Por lo que hace a la moral, hemos vivido y seguimos viviendo entre el rito y la conducta. La religión se aprueba y se practica como sistema de formas externas, pero no invade las esferas de la vida como inspiración de la conducta individual y social. Una de las más dolorosas realidades de nuestro medio, es la cómoda hermandad de la fidelidad al rito, en que el pueblo hace consistir la verdadera religiosidad, con la blasfemia y la impiedad […] Un dogmatismo sin resquicios para el ejercicio del pensamiento individual; un dogmatismo con respuestas en conserva y frecuentemente en descomposición, para toda hambre espiritual; un dogmatismo para el cual la libertad de pensamiento, la función de la conciencia propia, resultan, más que inútiles, peligrosos, tenía que terminar por enflaquecer y anquilosar la constitución espiritual de nuestros pueblos».

Báez-Camargo, 1930
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Educación y Ciudadanía Crítica

Educación y ciudadanía crítica

Para aspirar a tener una ciudadanía crítica, la educación ha de poder librarse de las disfunciones de sesgo marcadamente ideológico.

Xavier Pericay

A Marta Martín

Resulta hasta cierto punto natural tomar a Francia como arranque de este artículo. Una palabra como ciudadanía remite inevitablemente a ella. Y luego está Jules Ferry, aquel ministro de Instrucción Pública de la Tercera República que allá por 1880, año más, año menos, empezó a poner los cimientos de la educación gratuita y obligatoria, esa de la que todavía gozamos en los países económicamente desarrollados. No lo tuvo fácil, Ferry. Hasta entonces, y a pesar de algunos vaivenes en tiempos revolucionarios y posrevolucionarios, la instrucción –que así es como se llamaba lo que luego se conoció como enseñanza y luego aún como educación– había estado en manos de la Iglesia y sus beneficiarios. Ferry, pues, le dio carácter universal mediante la gratuidad y la obligatoriedad, a las que unió, last but not least, la laicidad.

Un carácter universal cuya plasmación más límpida acaso sea la famosa circular que el político republicano dirigió a los maestros en noviembre de 1883, al abandonar el Ministerio de Instrucción Pública para hacerse cargo del de Asuntos Exteriores. En ella, tras aludir a las ventajas que, a su juicio, iba a reportar en el futuro el que la enseñanza de una forma cualquiera de dogma particular hubiera sido excluida del programa obligatorio y sustituida por una enseñanza moral y cívica –en otras palabras, que el ámbito de las creencias, libres y personales, estuviera por fin separado del de los conocimientos, comunes e imprescindibles–, Ferry recurría a un ejemplo para que ningún maestro se llamara a engaño respecto a la naturaleza de esa nueva enseñanza:

Si en alguna ocasión no supiera hasta dónde le está permitido llegar en su enseñanza moral, he aquí una regla práctica a la que puede ceñirse. Al proponer a los alumnos un precepto, una máxima cualquiera, pregúntese si conoce un solo hombre honesto al que pueda ofender lo que va a decir. Pregúntese si un padre de familia, uno solo, insisto, presente en su clase y a la escucha, podría negar su asentimiento a lo que le oiría decir. Si es así, absténgase de decirlo; de lo contrario, hable sin tapujos: porque lo que le va a comunicar al niño no es su propia sabiduría; es la sabiduría del género humano, es una de esas ideas de orden universal que varios siglos de civilización han incorporado al patrimonio de la humanidad.

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Pensando en Serio

Pensando en serio

Dr. Carlos Alejandro Muro Flores

“Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”.

2 Jn. 1:6

Si yo fuera un creyente que perteneciera al grupo LGTB [1] (no lo soy y lo menciono solo para posicionamiento y no a manera de discriminación) y quisiera buscar consejo en las Escrituras para poder llevar mi relación de una manera que agrade a Dios, con sentimientos y compromisos reales con una persona de mi propio sexo, de entrada encuentro un problema: ¡Tristemente no encuentro consejo de parte de Dios ni instrucciones al respecto!

Y pensaría tal vez, ¿en dónde quedo yo? ¿En dónde está el consejo para mi relación? ¿Cómo mejoro de manera escritural mi relación homosexual?

Ya son varios años en los cuales la inclusión o exclusión en la vida activa de los grupos LGTB son agenda de discusión en nuestras denominaciones. Tenemos biblistas e intérpretes a favor o en contra de la traducción e interpretación correcta de los diferentes pasajes alusivos al tema pero POCO o NADA se ha dicho de la AUSENCIA de instrucciones escriturales acerca del comportamiento de estos grupos dentro de la iglesia o de la manera de relacionarse y mejorar una relación como ésta.

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Actos de Justicia

Actos de justicia

Cualquier acto que busque la justicia debida para agradar a Dios debe estar asociado al bienestar de las personas en última instancia.

Noa Alarcón Melchor

Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en sábado.

Marcos 3:2

El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia y la honra.

Proverbios 21:21

Resulta muy sorprendente la disparidad de traducciones que existen para un proverbio tan aparentemente sencillo. Aparentemente, claro está. La estructura sintáctica de Proverbios 21:21 no es complicada. Podría valer como ejercicio para estudiantes de hebreo básico. La frase está dividida en dos predicados bajo un único sujeto; los verbos están en la forma activa, o qal, que sugiere que el sujeto (“aquel que…”) es el que actúa; es decir: no se encuentra con ello, sino que lo provoca. Después pasamos a los objetos en sí, aquello que se persigue y que se encuentra, que son conceptos abstractos y no sustantivos concretos. Es decir, el sujeto de este proverbio no está buscando manzanas u ovejas, sino principios que son inasibles materialmente, pero que existen en un plano que todos compartimos. Está el concepto de misericordia, que otras versiones traducen también por amor, porque la misericordia hebrea es la compasión que experimenta el que ama; está la vida como ese soplo que provoca la existencia, un concepto muy abstracto en el imaginario hebreo. La vida hebrea no tiene exactamente el mismo significado que ahora en castellano, pero sí se tocan en algunos puntos. Para los hebreos, la vida es el bien máximo al que aspirar, abundancia, plenitud, conciencia de la propia existencia como el mejor de los regalos, algo que proviene de Dios y que no se puede recibir de nadie más. También se habla de la honra. Literalmente, en hebreo honra está emparentado con peso. La honra pesa, pero no en un sentido negativo de carga, sino en el sentido, por ejemplo, de una piedra preciosa: cuanto mayor es su peso, mayor es su valor.

Por si este breve repaso lingüístico no fuera ya hermoso, nos encontramos con que dentro de este proverbio hay escondido un principio irreducible: el que busca justicia, encuentra justicia. También encuentra otras cosas, pero la justicia, si se busca (deja claro) se encuentra; pero no de una manera pasiva, porque en ese caso utilizaría otra forma verbal. No: la justicia se busca activamente, y se encuentra activamente. Es causa y consecuencia. Repite dos veces esa justicia en el original, aunque algunas traducciones al castellano hayan preferido traducir la segunda ocasión como prosperidad. No es mala traducción, pero hay que explicarla.

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Dios Está en Movimiento

Dios está en movimiento: un llamado a ser la Iglesia de una manera nueva

Declaración del Concilio Mundial Metodista
en su consulta sobre la Diáspora e Iglesias Migrantes

“Es nuestra oración que este documento inspira iglesias locales a participar en el ministerio de la migración en un nuevo camino para que podamos vivir más plenamente en el reino de la justicia y la paz de Dios”.

Creemos que, en este momento particular, Dios nos está llamando a ser la iglesia de una manera nueva. En el espíritu de Pentecostés, iglesias de la tradición metodista se reunieron recientemente fuera de Londres. Fuimos llamados en conjunto por el Consejo Metodista Mundial (WMC, por sus siglas en inglés) para explorar las preocupaciones entre las iglesias que se estaban formando los migrantes en sus nuevas tierras y las preocupaciones de las iglesias de larga data en los países de acogida. En esencia, nos llamaron para explorar lo que John Wesley en realidad quería decir cuando dijo: “El mundo es mi parroquia”. Juntos, este grupo poco probable de personas de la familia metodista global con diferentes roles de diferentes países llegó a estar abierto a la circulación de El espíritu santo. Lloramos juntos, reímos juntos, y escuchábamos juntos para nuestras historias de la migración.

Pronto nos dimos cuenta que todos teníamos historias de migración. Y nos dimos cuenta de que todos teníamos historias de ministerio con los inmigrantes. Afirmamos que la migración es difícil, pero que la migración también trae nuevas ideas, posibilidades y oportunidades, para inmigrantes y de acogida por igual. El dolor y el sufrimiento y la pérdida que todo el mundo siente por la migración, también puede convertirse en la curación y la esperanza e incluso alegría. En nuestro tiempo juntos, nos dimos cuenta de que todo el mundo, incluso si nunca hemos dejado nuestro país de nacimiento, tiene un anhelo para el hogar – el lugar que fuimos, el lugar en el que estamos ahora, o un nuevo lugar seguro.

Nos dimos cuenta de que las historias que estaban diciendo eran historias de transformación por el Espíritu Santo.

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El Morir es Ganancia

El morir es ganancia

Dr. Ernesto Contreras Pulido

Pablo, bajo inspiración del Espíritu Santo, escribió: “Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte; porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí, en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios; y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

“Será entonces que la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descenderá del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido, y Dios mismo (Jesucristo), estará con ellos como su Dios. Y ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas habrán pasado”.

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