Día: 31 de marzo de 2020

EDITORIAL

EDITORIAL

Ver más allá de lo evidente

Vivimos una época donde las cosas realmente trascendentes se consideran insignificantes o sin valor. Se busca la satisfacción inmediata, automática, fácil. Y eso afecta no sólo la relación con el entorno natural, sino también con tus relaciones interpersonales y con tu fe y espiritualidad. En cualquiera de ambos casos, hay que hacer un esfuerzo para tener una visión periférica que nos permita ver el entorno desde el punto de vista de Dios.

A partir de eso, debemos entender que darnos a los demás es una forma también de adoración a Dios. Ya no lo hacemos por reconocimiento o por obligación, sino porque poder impactar a otros con el amor de Dios es más de lo que merecemos y Él, sin embargo, ha decidido adoptarnos. Eso se llama gracia. Así que, desde la gracia, desde ese regalo no merecido, el propósito ya nunca más está en nosotros mismos, sino que lo recibimos con la vocación de compartirlo.

En estos días, la contingencia sanitaria mundial nos ha obligado a hacer un alto en el camino. A cambiar nuestras rutinas diarias, a hacer esfuerzos extraordinarios, a cuestionarnos a nosotros mismos en nuestros propósitos y, en el mejor de los casos, a refugiarnos en Dios.

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El Amor en Tiempos del COVID-19

El amor en tiempos del COVID-19

Emmanuel Vargas Alavez

La crisis de salud que estamos viviendo a nivel mundial está haciendo al menos tres cosas: primero, ha promovido el “distanciamiento social” como una forma para evitar el contagio. Es decir, la gente no deberá saludarse de mano, de beso en la mejilla, ni abrazarse; y deberá mantener la separación de un metro de distancia entre personas. Además, debe evitar asistir a lugares donde se reúnan más de diez personas. También sería bueno, y si le fuera posible, recluirse en su casa mientras pasa esta crisis sanitaria.

Segundo, la gente que está entrando en pánico, se vuelve egoísta, rara y violenta. Va a los comercios y compra “todo” lo que cree que necesita para “sobrevivir”. Incluso está dispuesta a pelear para conservarlo. Algunos comercios están “aprovechando” la situación para obtener mayores ganancias; otros están saqueando «aprovechando el río revuelto», y es escandaloso el ejemplo de Trump ofreciendo millones de dólares para obtener exclusividad de alguna vacuna contra el virus.

Tercero, esta crisis nos está obligando a permanecer en casa (a quienes les es posible). Las escuelas, universidades y compañías que puedan hacerlo, implementarán medidas para seguir su enseñanza o trabajo, pero lejos de las aulas u oficinas. Deberán aprovechar la tecnología o algún otro medio creativo para continuar con su aprendizaje y trabajo.

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Egocentrismo y Propósito

Egocentrismo y propósito

Bajo la queja de no tener propósito en nuestra vida, se esconde demasiadas veces un enfoque mucho más egoísta de lo que nos gusta reconocer.

Lidia Martin

Uno de los elementos que está tras buena parte de los problemas depresivos y de ansiedad que la gente trae a consulta es la sensación -si no convicción- de falta de propósito en la vida. Dicho en sus palabras, “Creo que mi vida no vale para nada”, “No encuentro propósito en lo que hago”, “No sé a qué aspirar” y una infinidad de sentencias similares. Todos en algún momento, quizá, hemos podido sentir algo parecido en momentos oscuros de nuestra vida. Pero cuando una sensación como esta se arraiga fuerte dentro de nosotros, la cosa puede complicarse sobremanera.

No es en ese momento, sino mucho antes, en que hemos de ocuparnos en el asunto del propósito de vida. De hecho, deberíamos aprender desde niños (y en eso tenemos mucho que hacer y decir los padres) a vivir con esa visión de utilidad, propósito, destino… que tantas veces echamos en falta porque estamos subidos a una vorágine ya desde pequeños en que parece que nuestro sino en la vida es acumular, pagar facturas y mantenernos lo suficientemente distraídos como para no darnos mucha cuenta del tipo de existencia que estamos llevando.

Darse a los demás es también una forma de adoración
Sin embargo, esa es la que estamos alimentando, pretendiendo que deje de ensanchar sus tentáculos cuando no dejamos de lanzarle comida. No vamos a menos en esta locura de sobrevivir sin vivir: vamos a más. Y por mucho que intentamos autoengañarnos y opacarnos esa realidad, algo dentro de nosotros se revuelve como diciendo a gritos “No me engañas, una vida así no merece la pena”. Efectivamente, así es, y por eso nuestras emociones, coherentemente con lo que perciben, reaccionan llamándonos a un cambio urgente que casi nunca interpretamos como tal. En esos casos nos peleamos con la tristeza o la ansiedad, nos pegamos con el mensajero, en cierta manera, pero posponemos lo que desde el principio el mensaje nos llamaba a hacer: detenernos, mirar con atención a nuestra vida y descubrir propósito donde no lo ha habido, quizá, durante mucho tiempo.

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COVID y Cierre de Templos

COVID-19 y cierre de templos

La imagen de un templo cerrado choca en nuestra mente

Carlos A. Muro Flores

Antiguamente, tanto en templos como en sanatorios los religiosos se dedicaban a cuidar enfermos en tiempos de necesidad (leprosos, la peste negra en el medievo, hambruna, guerra, etc.). Esa era parte de los servicios que el Cuerpo de Cristo prestaba o presta a la comunidad y su nombre y obra era glorificado.

La situación actual es diferente y con otros alcances: hoy, la iglesia tiene la oportunidad de ayudar a su comunidad evitando que esta enfermedad se propague.

No tenemos los medios para curarla hasta que Dios lo permita. La forma de ayudar es NO reuniéndonos por un espacio de tiempo el cual será señalado en cada país según su necesidad.

¡A nadie se le va a “caer” su fe por unos domingos! Es más, es una oportunidad de volver a los tiempos antiguos, estudio y adoración en casa, sin reflectores.

El verdadero creyente seguirá su estudio y comunión con Dios esté donde esté y guiará a los que tenga alrededor.

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Jesús en Cuarentena

Jesús en cuarentena

Alan Sánchez Cruz

Domingo 22 de marzo de 2020

Hola, soy el pastor Alan Sánchez Cruz. En días pasados, las congregaciones metodistas recibíamos un comunicado de parte del Gabinete General con fecha de martes 17 de marzo del presente. El documento indicaba, entre otras cosas, la suspensión de cultos regulares y actividades programadas del 21 de marzo hasta el 4 de abril, a menos de que hubiese otra instrucción. Por tal motivo, la reflexión de este domingo la compartiré contigo por este medio. Diremos, en este sentido: “¡Bendita tecnología, que, a pesar de no estar congregados en un mismo lugar, nos permite meditar juntos en torno a la Escritura Sagrada!”.

El título del mensaje es: “Jesús en cuarentena”. Título por demás curioso, y, si bien escuchar el término “cuarentena” nos causa incomodidad, incertidumbre, tedio e incluso, en algunos, pánico, el tal se dice que proviene de la expresión latina quadraginta que no es otra cosa que aquello que cuenta con cuarenta elementos. De ahí, que los numerales latinos por decenas se contasen así (permíteme esta fonética vulgar): viginta, triginta, quadraginta, quinquaginta, sexaginta, septuaginta (como la famosa traducción bíblica de los LXX) y demás.

Muy acorde el tema con lo que hemos estado meditando en días recientes, cuando, según las Escrituras, el Espíritu lleva a Jesús al desierto. Lo aísla, además, por cuarenta días y cuarenta noches. Dicho sea de paso, la cultura de aislamiento que sufrían aquellas y aquellos a quienes se les consideraba “impuras” o “impuros” está presente en la Biblia desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento. Levítico 12 al 15 registra, por ejemplo, leyes de purificación impuestas principalmente a las mujeres y a enfermos de lepra. En el caso de las mujeres, al tener su periodo menstrual o al dar a luz, las mismas leyes sanitarias les marginaban de sus relaciones y prácticas cotidianas. ¿Cómo se sentiría una mujer en aquella época, cuando, además de esto, se le enseñaba que su valor en la sociedad era menor al del hombre? Por otra parte, los invidentes, minusválidos, enfermos de lepra o de algún mal congénito, experimentaban el rechazo de su comunidad como si no perteneciesen a la misma. Algunos de ellos podían sentirse prácticamente como “muertos vivientes”. Por tal motivo, Jesús les diría a aquellas y a aquellos marginados: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10 RVR 1960).

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¿Castigo Divino?

¿Castigo divino?

Alexander Cabezas

Desde la cultura popular se continúa atribuyendo –al igual que en el medievo– la creencia de que todas las calamidades o desastres naturales y humanos son dadas por Dios, incluyendo esta actual pandemia de espectro mundial que estamos atravesando.

Aunque suene inverosímil creerlo, en el año 2007 el senador de Nebraska, en Estados Unidos, Ernie Chambers, literalmente sentó a Dios en un banquillo de acusados y lo demandó por permitir las inundaciones, los terremotos, los huracanes y otras calamidades. Su conclusión fue: «el demandado (Dios), no ha mostrado ni compasión ni remordimiento», argumentó Chambers. (¡Supongo más de uno estarán acusando a Dios por esta actual pandemia!).

En el fondo de estos argumentos está la idea que favorece la concepción de un Dios indolente, listo a ejecutar su justa ira o castigo y para ello se vale de cualquier instrumento para advertirlo incluyendo la Biblia. Se recurre a ciertos a ciertos pasajes bíblicos, al igual que las profecías de Nostradamus, sobre todo con matices apocalípticas fuera de contexto, para argumentar que estos acontecimientos estaban previamente escritos o profetizados y obedecen a ese juicio.

Una vez alguien me decía:
–¡Es mejor que las personas, aunque impulsadas por el temor, se acerquen a Dios antes de que se pierdan!

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¿Qué es la Voluntad de Dios?

¿Qué es la voluntad de Dios?

Abner Alaniz Rangel

Le invito caro lector, a que saque sus propias conclusiones. No falta quienes dicen que ya es el fin del mundo. Que ya viene Nuestro Señor Jesucristo. Que el coronavirus es una es uno de los jinetes del apocalipsis. Otros, se cuestionan si es la voluntad de Dios el coronavirus, y surge la pregunta:»¿Qué es la voluntad de Dios?».

Respuesta: ¿Qué significa “la voluntad” y el “deseo” de Dios? (Dn. 4:17, 25:32 y 5:21). El Nuevo Testamento hace uso de tres palabras principales: El “plan y propósito eterno de Dios basados en su deliberación” (Lc. 7:30; Hch. 2:23, 4:28 y 20:2; Ef. 1:11); “su voluntad de acuerdo a su inclinación” (Hch. 22:14; Ro. 12:2; Ef. 5:17; Col. 1:9); y su “buena disposición y delicia” (Lc. 2:14; Ef. 1:5, 9; Fil. 2:13)

No obstante, la voluntad de Dios es absoluta, es decir no es condicionada por nada fuera de El mismo, no es distinta de su naturaleza divina, no es absolutamente arbitraria, sino que está en completa armonía con su santidad, su justicia, bondad y verdad. Por lo tanto, hay cosas que Dios no puede hacer (Números 23:19; 1 de Samuel 15:29; Hebreos 6:18; Santiago 1:13; 2 Timoteo 2:13) porque son contrarias a su carácter esencial. El fin más alto de la voluntad de Dios es El mismo. Todo aquello que no es de Dios existe por su soberana voluntad, que es, por lo tanto, La base de toda existencia. Dios no tiene la obligación de querer que aquello sea. Él gobierna sobre todo de acuerdo a su libre consejo y determinación (Salmos 115:3; Proverbios 21:1; Job 10:9; Isaías 29:16; Romanos 9:15-18; 1 Corintios 12:11; Apocalipsis 4:11).

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