Día: 30 de abril de 2020

EDITORIAL

EDITORIAL
Prudencia e inteligencia

Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia (Pr. 2:2 RVR1960).
Presta oído a la sabiduría; entrega tu mente a la inteligencia (Pr. 2:2 DHH).
Si prestas oído a la sabiduría e inclinas tu corazón al entendimiento (Pr. 2:2 RVA2015).

La conducta de todos nosotros está determinada por diversos elementos de nuestro cuerpo, alma y espíritu, pero también por sentimientos, creencias y carácter. Nuestras creencias son nuestra fe en el Señor y nuestro carácter, son nuestros conocimientos y hábitos.

El texto sobre el que meditamos nos invita a guardar los mandamientos de Dios, a través de prestar oído a la sabiduría, pero también nos invita a forjar nuestra fe y carácter cultivando nuestra prudencia, inteligencia y entendimiento. Nuestros sentimientos, como toda percepción o sensación, están sujetos muchas veces a estímulos externos y no dependen del todo de mí. La fe y la inteligencia sí, por lo que la Escritura nos invita a “inclinarnos” y a “entregarnos”. Mi fe es un don de Dios que cultivo en la relación diaria con él y la inteligencia es una obligación del cristiano que debe mover nuestra voluntad para cultivarla y desarrollarla.

Entre las cualidades de Dios como Supremo Creador es que todo lo hizo bueno desde un inicio. Sin embargo, ante las catástrofes, ante las pestes, ante desastres o ante pandemias, es común que nuestra respuesta inmediata sea que Dios no cometió ningún error porque es perfecto y que toda responsabilidad estriba en la indolencia o el pecado de la humanidad.
La situación social que estamos viviendo en la actualidad nos reta como iglesia para ser una verdadera comunidad funcional, un cuerpo cuya esencia sea la enseñanza y discipulado, el servicio hacia los demás y un verdadero ministerio entre creyentes. Para ello, debemos prestar oídos y estar atentos a las necesidades de nuestro entorno para desarrollar nuestra inteligencia colectiva y nuestro conocimiento de acuerdo a la voluntad de Dios.

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Dios, el Perfecto Imperfecto

DIOS, EL PERFECTO IMPERFECTO

Alan Sánchez Cruz
Domingo 29 de marzo de 2020

Soy el pastor Alan Sánchez Cruz. Antes de iniciar la reflexión, quiero invitarte a que realices este ejercicio: cierra tus ojos o, si puedes, véndalos hasta que te dé la indicación de que los puedes abrir o descubrir. Puedes pausar el video antes de seguir.

Bien. Continuando con los mensajes a distancia, el título de este es: “Dios, el perfecto imperfecto”. Por supuesto, utilizar estos conceptos que van de extremo a extremo no solo resultaría una contrariedad sino, inclusive, una herejía, al considerar que el mismo Dios pudiese tener los dos adjetivos. ¿Puede Dios ser perfecto e imperfecto a la vez? ¿Pueden en él habitar el bien y el mal? ¿Pueden existir en él la luz y las tinieblas? El evangélico común dirá: “¡Por supuesto que no! Pastor, ¿qué nos quiere decir?”. Podemos acudir a la Biblia y citar versículos como los siguientes, para defender la idea que ya he mencionado:

“Ustedes deben ser perfectos como Dios, su Padre que está en el cielo, es perfecto” (Mateo 5:48 TLA). Por tanto, está claro que Dios no es imperfecto sino perfecto.
“Él es un Dios bueno; su amor es siempre el mismo, y su fidelidad jamás cambia” (Salmo 100:5 TLA).

Es claro que Dios no puede ser malo, sino bueno.
“Jesucristo nos enseñó que Dios es luz, y que donde Dios está no hay oscuridad” (1 Juan 1:5 TLA). Una vez más, Dios es luz y no hay oscuridad en él.

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No Podemos Congregarnos

No podemos congregarnos
¿Qué podemos hacer? ¿El Internet es una solución definitiva?

Mientras la incertidumbre sobre una pandemia inesperada crece, los desafíos tecnológicos de la iglesia aumentan y generan cada vez más preguntas.

J. Amill Santiago *

Durante las últimas semanas hemos estado viviendo en un mundo de apariencia distópica. Virtualmente todos los países del mundo han aplicado medidas de cuarentena, cerrando escuelas y negocios, así como cancelando eventos de gran y pequeña escala, incluyendo los cultos de la iglesia. A la luz de esta tragedia global, muchas iglesias han despertado a su nueva realidad: deben renovarse.

Este ha sido un duro golpe para las iglesias, particularmente para aquellas cuyos ministerios no cuentan con herramientas en línea. Si bien todas las iglesias se están viendo afectadas de una manera u otra a causa de la pandemia producida por el COVID-19, las iglesias sin una ‘presencia’ en línea han experimentado aún más desafíos que aquellas que sí la tienen. “En esa categoría, cae alrededor del cincuenta por ciento de nuestras iglesias, y eso es un número conservador”, opinó Jesse Contreras, asociado de la Convención Bautista del Sur de Texas.

La realidad de la iglesia presencial
¿Es una transmisión en vivo exactamente lo mismo que asistir al culto presencial? ¿Deberíamos tomar la Cena del Señor virtualmente? Incluso un rápido vistazo a las verdades del Nuevo Testamento dejaría claro que la respuesta a estas preguntas es que nada puede sustituir la naturaleza presencial de la iglesia.

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¿Hay Una Iglesia en mi Casa?

Pero… realmente, ¿hay una iglesia en mi casa?

Carlos Alejandro Muro Flores

La inercia del activismo término para dar paso al sedentarismo frente a una pantalla; o para dar lugar a una Iglesia intencional y viva en todo lugar, nosotros decidimos.

Hemos escuchado y leído en estas semanas la frase: “Nosotros somos la iglesia” o “las personas somos la iglesia”. Verdaderamente somos el templo del Espíritu Santo pues Él vive en nosotros si somos creyentes. Pero él cuestionamiento no es si creemos o no, se trata de ser más reflexivos en nuestro quehacer diario.

Ser IGLESIA FUNCIONAL, hermano/a eso es otra cosa y eso tiene que ver con la misión de la iglesia que básicamente es:

  • Proclamación del evangelio.
  • Adoración hacia Dios.
  • Enseñanza y discipulado.
  • Servició hacia los demás.
  • Convivencia entre creyentes.

El orden puede variar y al propósito de la misión le podemos aumentar puntos según criterios, pero ¡no disminuir!

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La Teología como Pedagogía

La teología como pedagogía, frente a la magia, el dogmatismo y la superficialidad

Jaume Triginé

FRENTE A LA MAGIA
La magia es una técnica ritual a través de la cual el individuo intenta imponer su propio deseo a la realidad mediante la utilización de poderes ocultos o trascendentes. La actitud mágica remite a tendencias conscientes o inconscientes de la persona. En el fondo se halla el impulso narcisista que le conduce a una pretensión de omnipotencia. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, definía el narcisismo como la omnipotencia del deseo.

Parecería que tras las etapas de la evolución humana descritas por el antropólogo escocés Jamen Frazer y por el padre de la sociología Auguste Compte, magia, religión y ciencia se irían sucediendo cronológicamente. Pero los estudios antropológicos, sociológicos… han puesto de manifiesto la simultaneidad de las tres modalidades de pensamiento; por cuanto vienen a satisfacer necesidades individuales diferentes.

Si bien nos hallamos en un predominio del pensamiento científico, las personas acuden a la religiosidad o a diferentes formas de espiritualidad para dar sentido a la vida y a la muerte y, en casos de desesperación, se continúa buscando en la magia resultados contrarios a las leyes naturales a través de la intervención de seres imaginados por la invocación del “chamán” de turno.

Parece difícil sustraerse completamente del ritual mágico. También entre quienes se confiesan creyentes. Exorcismos, sanidades, promesas de prosperidad económica, felicidad en medio de las circunstancias adversas…, son el márquetin habitual en determinados círculos.

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Un Alcohólico Lee a John Wesley

Un alcohólico católico lee a John Wesley: «John Wesley fue un hombre de logros»

Dennis Dempsey

John Wesley fue un hombre de logros. Era un modelo de gestión del tiempo. Se levantaba a las cuatro en punto cada mañana. A menudo montaba un caballo durante cincuenta o sesenta millas en un día, durante el cual probablemente predicaría tres o cuatro sermones. Sus obras suman veintitrés volúmenes pesados. Hizo una buena cantidad de dinero con sus tratados publicados, y regaló todo menos aquello de lo que necesitaba vivir. Encendió y sostuvo uno de los movimientos religiosos más poderosos para atravesar la faz de la tierra. Fue aclamado después de su muerte como alguien que hizo más que nadie en su tiempo para ayudar a los pobres y la clase media baja de las Islas Británicas y lo que se convirtió en su vida en los Estados Unidos.

Algunos de mis amigos y conocidos piensan que soy un hombre de logros. Soy profesor en una distinguida institución. He publicado muchos artículos y un par de libros. Con frecuencia me piden que hable en varios lugares. Y he hecho esto, junto con mi esposa, que también es profesional, mientras criaba a cuatro niños. En mi vida he cambiado más pañales que Wesley ha escrito sermones.

Si me comparo con Wesley, me siento tentado a juzgarme un fracaso. Al igual que él, creo que tengo un llamado para ser evangelista. Sin embargo, entre mis obligaciones con el hogar, el trabajo y los viajes, a menudo me siento disperso y desorientado. Hace aproximadamente un año y medio abandoné mi participación en mi parroquia más allá de la asistencia a misas porque estaba demasiado ocupado para asistir regularmente a las reuniones de catecumenado. Tengo un grupo AA normal y una reunión semanal que considero mi «hogar», pero a veces paso mucho tiempo entre pequeñas rachas de asistencia regular. Vivo en un vecindario económico y racialmente mixto, pero prácticamente no tengo participación comunitaria.

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Protestantes, Católicos y la Justificación

Protestantes, católicos y la justificación

¿Quién lleva la razón? ¿Roma o Wittenberg?

Will Graham

La reforma protestante surgió debido a la doctrina de la justificación. Martín Lutero se dio cuenta de que el pecador es justificado solo por la fe en Cristo, en contraste con la perspectiva católico-romana, la cual convirtió la justificación en un asunto de fe, buenas obras, y sacramentos.

A pesar de que el Vaticano haya pretendido consolidar su enseñanza a lo largo de los últimos cinco siglos en el Concilio de Trento (1545-63), el primer y el segundo Concilio Vaticano (1869-70 y 1962-65, respectivamente) y en la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” entre la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, la enseñanza católica con respecto a la justificación no ha cambiado en lo más mínimo.

Hasta el día de hoy, Roma sigue sosteniendo una visión defectuosa de esta doctrina.

Examinemos diez enseñanzas que el Vaticano continúa promoviendo en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, para poner de manifiesto que los protestantes y los católicos no pueden estar de acuerdo respecto a la justificación.

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