Día: 15 de mayo de 2020

EDITORIAL

EDITORIAL
Normalidad anormal

Martin Larios

“¿Entienden lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor y dicen bien, porque lo soy. Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, lavé sus pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros”.

Juan 13:12b-14 (RVA-2015)

El 15 de mayo es el Día del Maestro en México. La fecha es significativa y altamente simbólica, porque fue el día en que México logró su segunda independencia, al triunfar la República en 1867. El Congreso de la Unión lo decretó así en 1918, porque entendía que el maestro era el artífice de la Nación y que sería el verdadero formador de las generaciones de mexicanos libres, patriotas y comprometidos con las más nobles causas de pueblo.

La educación es parte del ADN metodista. El metodismo nació en los salones de clase de la Universidad de Oxford en Inglaterra, cuando John Wesley y su hermano, Carlos Wesley, iniciaron su ministerio en el campus universitario con el Club Santo. En esa iniciativa, combinaron el anhelo del conocimiento con el desarrollo espiritual y la santificación; conectaron la fe y la razón; vincularon la piedad vital y el conocimiento; y estudiaron la ciencia y la Escritura.

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Un Pueblo Nuevo y Una Iglesia Nueva

UN PUEBLO NUEVO Y UNA IGLESIA NUEVA

Por Alan Sánchez Cruz
Domingo 3 de mayo de 202
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Soy el pastor Alan Sánchez Cruz. Para iniciar el mensaje de hoy, deseo compartirte lo que parece ser una noticia esperanzadora: De acuerdo a las estadísticas y a un análisis serio de las mismas, la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur, revela que el COVID-19 terminaría en México el 4 de septiembre, pues el 24 de junio desaparecería al 99 %. Es una aproximación, aunque, claro, todavía no se puede dar una fecha exacta de cuándo terminará el confinamiento y regresaremos a la vida normal. Por una parte, el que se nos dé una fecha aproximada tiene o tendría que ver con el Evangelio, pues esto representa aquella buena noticia, que brinda alegría y esperanza. Hay gente que ya no soporta estar en su casa, ya que anhela salir a divertirse, a hacer ejercicio, a visitar a los amigos, y esto no está mal. Muchos lo anhelamos. Pero, por otra parte, antes de que esto termine será interesante preguntarnos, ¿realmente queremos regresar a la normalidad?

En definitiva, nuestra rutina diaria se ha visto afectada -para bien o para mal- desde la dificultad para conciliar el sueño; los horarios cambiantes para quienes continúan trabajando, como las maestras y los maestros que ahora tienen que dar clases en línea con ayuda de la computadora o un dispositivo móvil (no hay que olvidar a niños y maestros que no tienen acceso a este tipo de tecnología, y el gran esfuerzo que hacen por compartir el conocimiento); los horarios de comida se han visto afectados en algunos hogares; la economía, así como la despensa han ido mermando. Repito, para bien o para mal, muchas cosas han ido cambiando de acuerdo a la perspectiva de cada uno, pero, ¿qué sucede con la Iglesia? ¿Qué tanto han cambiado nuestras dinámicas?

Cuando se dio la indicación de que los templos debían cerrarse, no todos la quisieron atender al principio. Por ahí se escuchó: “Si de por sí no vienen, no son constantes en la iglesia, ahora menos”, “y, ¿cómo le vamos a hacer con el dinero si la gente no asiste?”. Hemos optado por llenar las redes con publicaciones diarias, y dedicamos nuestro tiempo para pensar en la siguiente reflexión, porque esperamos que cuando este mal termine regresaremos a la normalidad. Nos miramos, en un futuro no lejano, todos reunidos en nuestros templos, continuando con la dinámica que hemos venido desarrollando por años. Sin embargo, trayendo a la mente estos términos que algunos leímos únicamente en libros de Historia como “pandemia”, “cuarentena”, ¿quién nos dijo que la cuarentena era algo malo o inconveniente para nuestro ser y quehacer como personas y como Iglesia de Dios en el mundo? Tal vez era necesario que la Iglesia tomase un respiro, una pausa, para analizar su misión en este tiempo que demanda: que las y los líderes estén mejor preparados, no para presumir que se tiene un título sino para servir mejor a los suyos, a los que están bajo su cuidado, para generar proyectos que convengan a las comunidades en que se encuentra la iglesia que dirigen. Tal vez era necesario confrontar nuestras prácticas de poder, de autoridad, pues, aunque nos cueste reconocerlo, hay sectores dentro de nuestras comunidades de fe que han ostentado una posición o poder económico por años. No hablamos del tema porque pareciera que no es Palabra de Dios. Tal vez -y sólo tal vez- esta cuarentena era necesaria para percatarnos de que nuestras prácticas no eran las correctas, y de que necesitamos más de Dios y de los demás que de nuestro propio renombre.

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Salmo 91 en Tiempos del Coronavirus

El salmo 91 en tiempos del coronavirus

Juan Ramón Junqueras Vitas

Es curioso el apego que le tenemos los creyentes cristianos y judíos al Salmo 91. Ha sido invocado en el pasado por millones de fieles, lo es ahora y seguirá siéndolo en el futuro, sobre todo en momentos de angustia, miedo a lo que está por venir, y aflicción. Hasta a aquellos que no consultan su Biblia, o a los que ni siquiera la tienen, les sonará su comienzo:

«El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío»».

Salmo 91:1-2

Ha sido utilizado en novelas, series de televisión y películas. Muchos soldados lo han rezado antes de salir a la batalla. Infinidad de enfermos lo han invocado buscando curación. Por supuesto, también desde los estrados de iglesias y sinagogas se ha oído, a veces con estrépito. Mi madre nos lo leía en el coche antes de salir de viaje, con voz suave pero repleta de confianza y de fe. Era uno de sus favoritos.

Todos los seres humanos, incluidos los creyentes, necesitamos sentirnos seguros, protegidos. Esta sensación aparece en el segundo lugar de la pirámide de necesidades humanas de Maslow. Según él, solo las prioridades fisiológicas —respirar, comer, etcétera— son más básicas que el sentimiento de seguridad. Orar con el Salmo 91, efectivamente, puede proporcionarlo.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando, después de invocar la protección de Dios con este salmo, el soldado muere, el enfermo expira su último aliento pronunciando sus palabras, o el coche se estrella? ¿En las manos de quién confiaron sus vidas? ¿Falló de nuevo el sortilegio, como tantas veces parece fallar? Da miedo hasta siquiera plantear esta última pregunta.

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Siete Prácticas de Juan Wesley

Siete prácticas de Juan Wesley que pueden cambiar los corazones hoy

Roger Ross*

Traducción y Adaptación por Michelle Maldonado**

Wesley estaba angustiado por la falta de poder la iglesia tenia para alcanzar la gran mayoría de los británicos. Dios creó un descontento tan grande en el corazón de Wesley que el abandonó los modos convencionales de ministerio y experimentó con varios enfoques innovadores. Para sorpresa de todos, el reavivamiento espiritual estalló en Inglaterra y más allá. Si eres como yo, usted puede preguntarse, «Si Dios puede hacer eso, entonces, ¿por qué no ahora?»

Siete prácticas surgieron como características del movimiento metodista primitivo.

1. Dedicarse a la oración
Wesley volvió a descubrir lo que la iglesia de su tiempo había olvidado: la oración resulta en el poder de Dios. Llamó la oración «el medio más importante para acercarse a Dios», y encontró que la oración continúa siendo el primer paso necesario para ver a Dios moverse. Él modeló esta convicción al dedicar al menos dos horas al día a la oración personal e hizo oración un sello distintivo del movimiento.

2. Ir donde está la gente
Cuando el amor de Jesucristo agarró el corazón de Wesley, él sabía que no podía quedarse callado. Tenía que haber alguna manera de llegar a los millones de personas que nunca entrarían por la puerta de una iglesia. Inicialmente, Wesley estaba convencido de que el Evangelio sólo podía ser predicado dentro de la estructura de una iglesia. Pero con tan pocas personas que asistían los servicios religiosos, se vio obligado a considerar otras opciones. De mala gana, Wesley comenzó a predicar al aire libre. Él encontró un punto alto en el borde de la ciudad y le predicaba a quienes quisieran escuchar. Una multitud de tres, cinco, incluso de diez mil personas se reunían. Muchos de ellos fueron tocados por Dios y despertó en ellos su estado espiritual. Nació un avivamiento en Inglaterra en gran parte porque Wesley estaba dispuesto a llevar el Evangelio donde estaba la gente.

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La Iglesia y el Reto de Superar la Crisis

La Iglesia y el reto de superar la crisis

Tiempos de crisis y nuevos desafíos para la iglesia. Estamos frente a una oportunidad para que todos los creyentes ejerzan sus dones.

Abner Alaniz Rangel

Boris Cyrulmik, Neurólogo y Psiquiatra, señala: “Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”; “El virus del hambre mata a 8,500 niños al día” ¿Cómo se movilizará la Iglesia en México, ante estos señalamientos y ante el coronavirus?

La propagación del coronavirus ha provocado cambios en la convivencia social, por lo que sumándose a las medidas de las autoridades diferentes congregaciones religiosas en nuestro país, han cerrado sus templos. Pero los servicios litúrgicos no serán clausurados, sólo cambiarán de escenario. En un domingo regular, miembros de diferentes credos se reúnen con cientos de personas con su misma fe, en esta oportunidad no será posible por instrucciones de las autoridades, por eso líderes eclesiásticos han optado por convertir a Facebook en su templo virtual.

Ante la emergencia sanitaria que se enfrenta por la crisis del coronavirus, la Iglesia se ha movilizado y con ella todos los recursos para ofrecer “el servicio, acompañamiento, ayuda y oración a todos los afectados y a toda la sociedad, para servir al bien común”. Se destacan las más de 175 iniciativas de la Iglesia en las diócesis que “atienden necesidades pastorales, espirituales, sociales, asistenciales, educativas y de entretenimiento ocasionadas por el confinamiento”. NO se emocione, Estimado lector, esto no sucede en México, ¡es en España! Respecto a México, no cuento con información al respecto.

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Volveremos a Encontrarnos

Volveremos a encontrarnos… ¿y si no?

Harold Segura

La fe en Jesús nos permite aceptar estas dos posibilidades: que nos volvamos a encontrar, porque la esperanza nos sustenta y mantiene siempre viva la mirada hacia el mañana. Cantaba el salmista: “Porque tú, Señor, eres mi esperanza, mi refugio, Señor, desde mi juventud” (Salmos 71:5).

Pero, gracias a esa misma fe, aceptamos nuestra finitud y vivimos consciente de los límites de nuestra humanidad. “Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir” (Eclesiastés 3:2). No procede del Evangelio la negación de la muerte, ni la exoneración de los males de este mundo. Eso lo inventaron otros.

A propósito del tema, Martín Lutero, el reformador protestante del siglo XVI, ante el peligro de muerte por la peste bubónica que azotaba a la Europa de aquellos años, hizo público su compromiso de cuidarse: “Debo evitar lugares y personas para quienes mi presencia no es necesaria para no contaminarme, y posiblemente infectar y contaminar a otros para causar su muerte como resultado de mi negligencia”.

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¿Te Conoce Dios?

¿Te conoce Dios?

David Almanza Villalobos

«El que afirma que lo sabe todo, en realidad, no es que sepa mucho; pero la persona que ama a Dios es a quien Dios reconoce».

1 Corintios 8:2-3. NTV.

Hay nombres que conocemos de Dios, pero ¿realmente conocemos a Dios?
Hay gente que me dice: “yo conozco a Dios”, yo les digo: dime 15 atributos de Dios. Pero en ocasiones pretendemos saber, lo que no sabemos. Pero si hay algo que es notorio en el carácter de Dios, y por lo tanto, el reflejo que debe tener un cristiano, es el amor.

El Espíritu de Dios es el Espíritu de amor. El que no ama a la imagen de Dios, no tiene conocimiento de la salvación de Dios.

La ley de Dios es el amor; y en su reino, todo debe ser perfectamente amable, benigno, educado, tranquilo, bueno, amoroso, todo debe obedecer esa ley. Ninguna de nuestras palabras o pensamientos debería ser áspera o de destrucción.

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