Día: 31 de octubre de 2020

EDITORIAL

EDITORIAL

Reforma de la Iglesia, celebración de la vida

Cuando en Deuteronomio capítulo 18 encontramos una amonestación hacia el Pueblo de Israel contra costumbres “paganas”, como el sacrificio de hijos ante dioses ajenos, o quien practicase actividades como la adivinación, augurios, sortilegios, hechicerías, encantamientos, adivinaciones o consulta a los muertos, no sólo se refiere a evitar ciertas prácticas que pudieran parecernos, todavía hoy, como esotéricas. No es, particularmente, un mensaje de prohibición.

Es, fundamentalmente, un mensaje de exhortación a un sector elegido para un ministerio: los levitas, quienes estaban llamados a prestar un servicio especial al pueblo en el nombre de Dios. Es un mensaje para ser cuidadosos, evitando prácticas que cedan la voluntad de la persona a cosas, eventos o personas ajenos a Dios. Es un llamado a ser perfectos: la perfección que sólo puede dar la comunión cercana con Dios.

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Mujer y Reforma Protestante

Mujer y Reforma Protestante

Irma Padilla

El sacerdocio universal de los y las creyentes, es uno de los postulados de la Reforma, basado en 1 Pedro 2:9:

“Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa”.

Dios Habla Hoy

Este versículo refiere que toda persona cristiana tiene un rol sacerdotal dentro de la iglesia así como una vocación kerigmática. No hay diferencia entre la labor que hace un hombre o una mujer porque su tarea es sacerdotal, es incluyente e igualitaria. Esta labor es mostrar a Dios mismo y permitir a otros/as ver la luz maravillosa que proviene del Cielo. Al respecto Lutero escribió: “… Todos los cristianos son sacerdotes y todas las mujeres sacerdotisas, jóvenes o viejos, señores o siervos, mujeres o doncellas, letrados o laicos, sin diferencia alguna” (W.A.6:370; R. García-Villoslada, Martin Lutero, Tomo I, p.467)[1].

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En Busca de Cielos Nuevos y Tierras Nuevas

En Busca de Cielos Nuevos y Tierras Nuevas

Málenny Cruz *

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más».

Apocalipsis 21:1

Definimos a la eternidad como lo perpetuo, sin sucesión ni fin. La eternidad unida a la vida tiene como resultado el pleno desarrollo lo que se perpetua, una -vida eterna-. El máximo ideal, el preciado regalo que todos anhelamos, pero por el que pocos luchamos y defendemos. Una idea de salvación individual nos ha alejado de la solidaridad, de la koinonía y nos hunde cada vez más en el individualismo. Pareciera que la humanidad se aleja de la posibilidad de perpetuarse a sí misma y al planeta que la alberga. Ninguna persona que conozca un poco sobre los acontecimientos en nuestro país y el mundo entero podría negarse a esto. La ola de violencia por la que estamos viviendo nos aqueja, nos carcome, nos destruye. Sistemas de violencia se replican una y otra vez de forma directa o indirecta.

Observamos esta violencia con distintos rostros, no solo de quien la ejerce sino también de quien la fomenta: respuestas esperadas ante acontecimientos incómodos; lo que se espera culturalmente; lo socialmente aceptable; lo que no se sale o debe salir de la norma. Se ejerce violencia al impedir que se levante la voz, al acallar al que quiere justicia. Una interpretación errada de la escritura nos ha llevado a justificarla y “entenderla” como parte de la voluntad de Dios, in embargo, es ella la que nos conduce a la búsqueda de un cielo nuevo y tierra nueva evitando continuar en la espiral destructiva y encontrar un mundo con futuros esperanzadores. 

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Desde una Fe en Certezas, hacia ¿una «Fe de Incertidumbres»?

Desde una Fe en Certezas, hacia ¿una «Fe de Incertidumbres»?

Juan Calvin Palomares

“Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”.

Jn. 20

No me retengas. No me toques. Lo que estamos viviendo en tiempos de Covid, al ver esa expresión de no me toques, hace brotar un sentido que hace unos meses jamás habríamos percibido con tanta fuerza: el tacto no es cualquier cosa. Hace ya unos meses que se nos prohíbe tocar, o es mucho más complicado que te toquen, y cuando te tocan sientes cosas que antes no podías sentir. Yo algún día de este verano en la playa me caí en la arena, y al ir en silla de ruedas tuve problemas para levantarme. Al verme, a cierta distancia, algunas personas tenían miedo de venir y ayudarme a levantarme: porque tenían miedo de tocarme. Al final decidieron ayudarme, y mientras me ayudaban me tocaban, y yo tenía miedo, porque cualquiera tiene esa sensación extraña: miedo y alegría a la vez de que te toquen.

Miedo y alegría, de que te toquen, de que te ayuden, de que te levanten, y de eso trata este texto: del levantamiento del cuerpo. Nos narra a un Jesús que se ha levantado de los muertos y que le dice a María: no me toques. Un verbo que se traduce por retener, y por tocar, ambos significados son importantes. Un doble sentido que no podemos captar en español plenamente. Si lo traducimos como no me retengas perdemos el sentido de bulto, pues se trata de una escena donde el tacto tiene gran importancia. Si lo traducimos por no me toques perdemos ese matiz de retener. ¿Cómo podemos imaginar esto? ¿quizá como a un Jesús a cierta distancia de María, y ella queriendo abalanzarse hacia su recién descubierto Señor, llena de alegría, y este diciéndole: “no me toques”?; o bien ¿cómo una María que ya abrazaba a Jesús y este le dice: “no me toques”, “no me retengas”? ¿Qué nos dice esto a nosotros de nuestra fe?

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La Nueva Vida en el Reino: el viejo nuevo orden mundial

La Nueva Vida en el Reino: el viejo nuevo orden mundial

Esta crisis mundial de poder también permea a la parte más religiosa de la iglesia.

Noa Alarcón Melchor

Una de tantas amenazas de estos tiempos de pandemia ha sido el resurgimiento del anuncio de un nuevo orden mundial. Este supuesto nuevo orden es algo diferente al ligero cambio que ha supuesto acostumbrarse a la distancia social, el lavado de manos y las mascarillas, que al fin y al cabo no son cuestiones que vayan a poner en jaque nuestra civilización, sino nuevos usos necesarios por salud pública. Aun con cambios, la vida, la organización y los principios de la sociedad siguen más o menos intactos. Nadie sabe explicar bien en qué consiste la amenaza del nuevo orden, y quien advierte contra él lo hace con expectativas contradictorias. Nunca ha importado la naturaleza del orden ni la identidad de quienes, supuestamente, tienen el poder suficiente como para imponerlo. Nunca ha llegado a cumplirse, aunque su aviso viene durando, como mínimo, desde los años setenta del siglo pasado, en diferentes oleadas alentadas, como no puede ser de otro modo, por momentos de crisis social, económica y política. Justo como estamos ahora.

Haya o no parte de verdad en la amenaza, una cosa es la amenaza en sí (la realidad de un grupo de élite que ostenta un poder mundial sin rivales) y otra cosa muy diferente la percepción de ese rumor de amenaza y el modo en que se expande y se comenta en la sociedad. Para la persona de a pie, el miedo a la imposición de ese nuevo orden mundial no es más que una fantasía de poder. A quienes más afecta es a los que o bien aspiran a ostentar una posición de poder o bien anhelan estar bajo el liderazgo de una figura carismática. Para ellos, cualquier cambio supone una pérdida de su terreno ganado, de su statu quo. Hay quienes desean que hombres de poder les manden; y hay hombres que desean tener ese poder. Cuando vienen tiempos de crisis, esta clase de personas ven amenazadas sus anhelos, y es entonces cuando les parece totalmente lógico y atrayente el rumor del nuevo orden y actúan con temor a su cumplimiento.

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Osiander, Bullinger, Hooper y Schwenckfeld

Osiander, Bullinger, Hooper y Schwenckfeld

La tradición luterana: Andreas Osiander
La tradición reformada: Heinrich Bullinger y John Hooper
Reformador radical: Caspar Schwenckfeld

Para conmemorar el mes de la Reforma Protestante, ofrecemos a nuestros lectores la historia de reformadores quizás no tan conocidos, pero igual de trascendentes en la historia de la Reforma de la Iglesia Cristiana.

Traducción: Iván Jiménez

La tradición luterana
Andreas Osiander (1498- 1552)

Andreas Osiander fue un talentoso pero complicado hombre que tenía el extraño talento de hacer verdaderos enemigos de potenciales amigos. Debido a sus innegables habilidades fue enviado como delegado luterano al coloquio en Worms, donde procedió a crear problemas en el campo de sus aliados. Calvino fue ofendido por su conversación en la mesa durante la cena; sus colegas luteranos por su abierta e indiscreta crítica a Melanchton. Aunque tenía planeado ser parte del coloquio en Regensburg luego de Worms y Hagenau, fue remplazado como delegado y enviado indecorosamente de regreso a Núremberg por colegas quienes claramente habían tenido suficiente. 

El incidente en Worms fue una miniatura de toda su carrera. Dondequiera que Osiander trabajara era seguro que dejaría un legado de sinsabores tras de él. Aunque Núremberg le debía una enorme deuda de gratitud por su trabajo como reformador, él había sido un hombre tan espinoso y difícil de tratar que muy pocas personas estaban genuinamente entristecidas por su partida. Apenas se había acomodado en su nueva posición en Königsberg cuando ya había logrado alejar a la mayoría de sus nuevos colegas. En los últimos años de su vida esparció una controversia sobre la naturaleza de la justificación que generó una hostilidad casi universal hacía él. Melanchton y los gnesioluteranos, quienes hasta ese punto habían estado enganchados en un combate mortal entre ellos, se reagruparon y lanzaron un ataque combinado contra su enemigo en común. Calvino, quien no había perdido su aversión contra Osiander, refutó apasionadamente sus enseñanzas en la Institución de la religión cristiana. Incluso la Fórmula de Concordia, la confesión oficial de la iglesia luterana, rechazó sus ideas en el tercer artículo. De hecho, si no hubiera sido por sus enemigos, Osiander bien pudo haber sido olvidado por las generaciones siguientes. 

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¿Libre o Esclavo?

¿Libre o Esclavo?

David Almanza Villalobos

“Pero después algunos creyentes que pertenecían a la secta de los fariseos se pusieron de pie e insistieron: Los convertidos gentiles deben ser circuncidados y hay que exigirles que sigan la ley de Moisés”

Indudablemente, esta situación de Hechos 15, podía provocar una de una división. Es un dilema cristiano clásico de siempre: la gracia versus la verdad o la ley. Y el desafío es que estas dos cosas, normalmente no las vemos juntas, no consideramos que van juntas, por lo general es una o es otra.

Todos los maridos, por ejemplo, se van a identificar con esto, porque saben bien el concepto de la gracia versus la verdad porque cuando su mujer sale del closet y le dice: “Amor, dime la verdad: ¿me veo gorda con este vestido?”. Usted sabe que solamente hay una manera de responder a esa pregunta, sin importar cuál sea la verdad; usted va a responder con gracia, gracia y más gracia ¿Sí o no?

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