Día: 16 de febrero de 2021

EDITORIAL

EDITORIAL

Jesús Vino a Darnos Identidad

Hoy vivimos en un época de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Lo que Zigmunt Bauman nombró como la “vida líquida”, en la que nada se consolida, todo es veleidoso y no hay verdades absolutas. Ello aplica a todos los aspectos de la vida humana, desde los más altos valores comunitarios hasta las ideas más íntimas del individuo. El concepto de “líquidez” que se va entre las manos, aplica al miedo, al amor, a las relaciones personales. En términos del propio Bauman:

“La Sociedad moderna líquida es aquella en que las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas” (Bauman, Vida líquida).

Y eso ha tenido consecuencias en la vida de esta generación. Cada vez, pareciera que es más difícil que tengamos rutinas y hábitos de comportamiento, especialmente si estos se basan en valores aceptados universalmente desde tiempos inmemoriales. Porque ya no hay valores, sino sólo identidades temporales que van y vienen, que se desvanecen y se transforman casi a diario. Porque además, no depende de un sistema de valores sino de la percepción de uno mismo: nada es verdad ni mentira, sólo depende de la circunstancia y enfoque de cada quien. Ello también está impidiendo la consolidación de las instituciones y, en este mismo proceso, dificultando la producción de sentido, del sentido de la acción social y, en definitiva, del sentido de la comunidad. Y las comunidades de fe, como la iglesia cristiana, no está ajena a estos vaivenes.

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Noventa años de unificación y autonomía; Treinta años como Conferencias Anuales

Noventa años de unificación y autonomía; Treinta años como Conferencias Anuales

IGLESIA METODISTA DE MÉXICO A.R.
GABINETE GENERAL 2018-2022

“Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:11).

Tijuana, B. C. a 15 de febrero de 2021

Muy estimados hermanos y hermanas en Cristo, les saludo en esta ocasión, agradecido con Dios por la vida de cada uno de ustedes y sus amados, además de expresarles mis mejores deseos de bendición de parte de Dios hoy y siempre.

El año próximo pasado, debimos haber celebrado el nonagésimo aniversario de la unificación del metodismo en México, es decir, la unión de la Iglesia Metodista Episcopal y la Iglesia Metodista Episcopal del sur, dando vida a nuestra amada Iglesia Metodista de México y su autonomía como tal. Asimismo, fue electo el primer Obispo Mexicano siendo este el Pbro. Juan N. Pascoe. Todo esto, a mediados del mes de septiembre de 1930, fecha en que se celebró la Primera Conferencia General de la Iglesia Metodista de México.

También debimos celebrar el trigésimo aniversario como Conferencias Anuales. Recordemos que hasta el año de 1990, nuestra Iglesia Metodista de México, estaba integrada por dos Conferencias Anuales, siendo éstas la Conferencia Anual Fronteriza y la Conferencia Anual del Centro. En la XVI Conferencia General celebrada en el Centro Vacacional del IMSS en Metepec, Puebla en junio de 1990 se aprueba la elección de los obispos que a partir de esa fecha presidirían las recién nacidas conferencias Anual del Sureste, Anual de México, Anual Septentrional, Anual Oriental, Anual Norcentral y Anual del Noroeste.

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La Sabiduría de los Juicios de Dios

La Sabiduría de los Juicios de Dios

Romanos 11.33

Juan Wesley
Sermón 68

Traducción: Leonel Iván Jiménez Jiménez
leonel.ivan.jimenez@gmail.com

1. Algunos perciben la “sabiduría” y el “conocimiento” de Dios como una y la misma cosa. Otros creen que la sabiduría de Dios se refiere más directamente a su designación del fin de todas las cosas, y su conocimiento a los medios que ha preparado y hechos propicios para esos fines. Lo primero parece ser la explicación más natural, siendo que la sabiduría de Dios en su sentido más amplio debe incluir la una como la otra, tanto los medios como los fines. 

2. Ahora bien, tanto la sabiduría como el poder de Dios es manifestada en abundancia en su creación, en la formación y arreglo de todas sus obras, arriba en el cielo y en la tierra debajo; y al adaptarlas todas a los muchos fines para las que fueron diseñadas; hasta el punto en que cada una de ellas separadas del resto son buenas, pero todas juntas son muy buenas. Todas conspirando juntas en un solo sistema conectado, para la gloria de Dios en la alegría de sus creaturas inteligentes. 

3. Siendo que esta sabiduría se aparece incluso a las personas cortas de vista (y mucho más a los espíritus de un orden mayor) en la creación y disposición de todo el universo, en cada parte de él, así aparece igualmente en su preservación, en su sostener “todas las cosas con la palabra de su poder”. Y no aparece con menos eminencia en el gobierno permanente de todo lo que ha creado. ¡Cuán admirable es que su sabiduría dirija los movimientos de los cuerpos celestes! ¡De todas las estrellas en el firmamento, ya sean aquellas que están estáticas o las que caminan, pero nunca fuera de sus muchas órbitas! ¡Del sol en medio del cielo! ¡De esos increíbles cuerpos, los cometas, que disparan en toda dirección a través de los inconmensurables campos de éter! ¿Cómo es que él supervisa todas las partes de ese mundo inferior, esta “partícula de la creación”, la tierra? Para que todas las cosas sigan como eran al principio, “hermosas en su tiempo”; y el verano e invierno, el tiempo de siembra y de cosecha, se siguen con regularidad. Sí, todas las cosas sirven a su Creador: “el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra”. Para que podamos decir bien: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!”

4. Igualmente sobresaliente es la sabiduría de Dios en el gobierno de las naciones, de los estados y reinos; sí, incluso más sobresaliente -si infinita se puede permitir la admisión de cualquier grado. Pues la entera creación inanimada, siendo totalmente pasiva e inerte, no puede oponerse a su voluntad. Por lo tanto, en el mundo natural todas las cosas avanzan en un curso uniforme e ininterrumpido. Pero es muy diferente en el mundo moral. Aquí las personas malas y los malos espíritus se oponen de continuo a la divina voluntad y crean innumerables irregularidades. Por lo tanto, aquí hay un alcance completo del ejercicio de todas las riquezas de la sabiduría y el conocimiento de Dios, en contrarrestar toda la perversidad y locura del ser humano, y toda sutiliza de Satanás, para llevar a cabo su glorioso plan: la salvación de la perdida humanidad. En efecto no implicaría sabiduría alguna el hacerlo por su absoluto decreto y por su propio irresistible poder. Pero su sabiduría es mostrada al salvar al ser humano de tal manera que no destruye su naturaleza, ni arrebata la libertad que le ha concedido. 

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Significado Teológico de los Acontecimientos Históricos (3/3)

Significado Teológico de los Acontecimientos Históricos (3/3)

Juan Stam

3. La teología profética y la historia universal

Los profetas de Israel son sobre todo los que elaboran, ante la crisis de su pueblo, una teología de la historia. Son ellos los que más iluminan el problema de la historia salvífica y la historia universal. Frente al aparente fracaso de las promesas divinas, los profetas anuncian un mensaje osado y revolucionario: (a) Yahvé es un Dios ético, el Dios de la justicia, y (b) Yahvé es el Señor de toda la historia y de todas las naciones. Acentúan así la unidad de la historia y el nexo orgánico entre historia salvífica (que sigue siendo normativa y paradigmática para lo nuevo que Dios hará) y la historia universal.

El libro de Amós expresa este «universalismo» profético en su forma más drástica:

Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos? (Am. 9.7)

Aquí, con penetrantes preguntas retóricas, el profeta cuestiona precisamente la relación entre historia salvífica (el éxodo) e historia universal (migraciones de filisteos y de arameos), y entre el pueblo escogido y los demás pueblos del mundo (etíopes, filisteos, arameos). Aunque Amós no contesta las preguntas que Dios dirige a su pueblo, quedan claras dos conclusiones: (a) En su pecado y desobediencia, Israel no se distingue de cualquier otro pueblo; en las palabras de Isaías, es «una nación pérfida» y «el pueblo de mi ira» (Is. 10.5, cf. 63.19). La elección es una categoría ética, de responsabilidad histórica y juicio divino (Am. 3.2) y no una categoría «ontológica» de un status privilegiado. (b) El Dios de Israel es también el Dios y Señor de todas las naciones y toda la creación (9.5-6). En la gracia y soberanía de Dios, los demás pueblos habrán de compartir también la bendición de Dios (cf. Is. 19.23-25 y Sal. 47.91, arriba; Zac. 2.11, Sal. 102.22, etc.).

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Un Día Como Hoy…

Un Día Como Hoy…

Esteban Quiroz González (adaptación)

4 de febrero

Un día como hoy, pero de 1906, nació Dietrich Bonhoeffer, quien fue un pastor luterano de nacionalidad alemana. Fue una de las voces que se alzó en contra del régimen Nazi en Alemania de inicios del siglo XX, que asesinó a judíos, gitanos, homosexuales, polacos, comunistas, izquierdistas, Testigos de Jehová, y a personas discapacitadas por razones de odio, racistas y supremacistas.

Se le acusó de conspiración y de participar en un complot para asesinar a Adolf Hitler. Razón por la cual fue encarcelado y finalmente condenado y ejecutado en la horca.

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La teología de Bonhoeffer como Teología de la Cruz

La teología de Bonhoeffer como Teología de la Cruz

Juan Manuel Arias Perea

Me propuse argumentar que Actuar y Ser de Bonhoeffer es una nueva interpretación de la teología de la cruz de Lutero. Falta atención al trabajo académico de Bonhoeffer. Además, apenas se tienen en cuenta las raíces luteranas de la teología de Bonhoeffer. Mi objetivo no es retratar a un Bonhoeffer luterano, sino descubrir las verdaderas raíces genuinas de su teología, que están profundamente ancladas en la teología crucis articulada en la propia teología de Lutero. Bonhoeffer en ninguna parte dice que está tratando de articular una teología de la cruz, por lo que la forma en que llego a esta conclusión es a través de una comparación inicial de Actuar y Hacer, y la Conferencia / Ensayo de Barth. Las similitudes en la estructura y la conceptualidad son asombrosas y es extraño que esto no se haya visto antes. Dado que Barth concluye abiertamente que la teología de la cruz de Lutero es el patrón dialéctico que él ve como la solución a la tensión entre destino / ser e idea / acto, es lógico que la propia intención de Bonhoeffer sea abordar esta afirmación de Barth de frente y mostrar cómo debe hacerse de una manera que sea realmente fiel a Lutero. Así, pues, es necesario entender el acto y el ser: como un intento de superar la tensión dialéctica entre el acto y el ser (¡entendido como epistemológico por naturaleza!) Para sintetizarlos en el ser de Cristo que es la Iglesia. En otras palabras: no, Lutero no está relacionando dialécticamente destino / ser con idea / acto, en realidad los está uniendo.

Para completar su argumento dentro de las discusiones y el mundo conceptual de su propio tiempo, Bonhoeffer expone el método dialéctico de Barth como lógica y éticamente incoherente, si no auto-refutable. Si el método de Barth no es fiel a la idea de la revelación, ¿entonces qué es?

Para preparar la respuesta a esa pregunta, primero paso a una discusión de la teología de la cruz de Lutero preguntándome si la teología de Lutero enfatiza la distancia entre nosotros y Dios (por ejemplo, el Dios totalmente otro de Barth) o enfatiza la presencia divina (por ejemplo, Christus praesens de Bonhoeffer). Si bien la búsqueda de la teología “original” de la cruz es difícil, ya que está involucrada en un círculo hermenéutico, ya que las interpretaciones modernas de la teología de la cruz informan nuestra lectura de Lutero, parece haber un caso sólido para un énfasis en la presencia divina. .

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Predicación que Produce Fruto

Predicación que Produce Fruto

p. J. Dávila

Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios, y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad.
2 Tim. 2:15 (NTV)

Uno de los más grandes privilegios que un ser humano puede llegar a experimentar es predicar la santa y maravillosa palabra de Dios. Se nos encomendó a los creyentes esta sublime tarea, no a las huestes celestes, sino a nosotros. No hay palabras para describir este maravilloso honor.

Dolorosamente, aunque todos los que formamos parte de la Iglesia del Señor, hemos sido llamados a compartir del Evangelio mediante el ministerio de la predicación, muy pocos lo hacen, y de esos pocos, es raro encontrar a quienes deseen prepararse constantemente para hacerlo con celo, devoción y pasión. Como resultado, el bello y maravilloso mensaje se ve limitado a un rico contenido, pero con poca relevancia en nuestra sociedad (y eso en el mejor de los casos).

EL DESENCANTO DE LA PREDICACIÓN

En la actualidad, vivimos un período triste de desencanto que ha dañado no solamente la credibilidad de los oyentes con una falta de aceptación social por el mensaje bíblico, sino que afecta también a la expresión misma de quien predica, hilvanando algunas palabras ordenadas típicamente, pero con un sinsabor característico de nuestros tiempos, dando lugar a ideologías y filosofías que seducen y fascinan a la sociedad, pero sin guiarles a la santidad, dado a que, de acuerdo con esta enseñanza, no hay moralidad absoluta, sino cada quién juzga su propia conducta de acuerdo a su criterio, es decir, un “individualismo moral”, que por retorcido que este se encuentre, es socialmente aceptado si satisface o persuade al individuo. En todo caso, es mucho más aceptado un empresario o político con habilidades de orador, que un predicador que denuncie al pecado como demanda Ezequiel 3:16-21, y como consecuencia, tenemos cada vez a más predicadores tan preocupados por hacer malabares con sus palabras para no incomodar a nadie, que se olvidan de salvar almas, y si se animan a dar ese paso, tampoco es raro quienes prefieran un discurso más agradable. Y aunque la Biblia misma nos advierte de momentos como este en la historia en los cuales “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3), el ministro que ama a su grey pensará dos veces antes de provocar que alguien se vaya del rebaño.

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