La tensión entre pentecostalismo y metodismo está encausada en una disputa relacionada a las expresiones del Espíritu u interpretaciones bíblicas de forma. Pero en el pensamiento de Wesley existe algo más amplio, donde definirá que para ser metodista las opiniones sobre esto pasan a un segundo plano.
Miguel Ulloa Moscoso (adaptación).
En una de las tantas conversaciones que he tenido con hermanos pentecostales uno me manifestó: “A nosotros nos gustaría ser más metodista y menos pentecostales”. Por otro lado, en mi iglesia, me he acostumbrado a escuchar que deberíamos ser como los “hermanos pentecostales”. Parece que metodistas y pentecostales sufrimos un dilema existencial. Surge la pregunta: ¿Qué hay dentro de estos bloques, que aunque aparentemente opuestos, beben de una misma fuente? El movimiento wesleyano, surgido en Inglaterra en el Siglo XVIII, es el afluente común del metodismo y de otros rostros que han surgido.
En el lenguaje metodista, se hablará de otros metodismos al referirse a iglesias surgidas dentro del seno del metodismo. Es el caso de las iglesias metodistas pentecostales, evangélica pentecostal, pentecostal, wesleyana, metodistas independientes, libres, etc., que en más de cien años de historia han intentado reformar el metodismo y volverlo a su origen primero. En un primer estadio, haciendo un paralelo entre ambas experiencias de la fe, es necesario reconocer que hay elementos en común:
El valor de la experiencia personal: los metodistas hablarán, igual que Wesley, del nuevo nacimiento, la santificación, los medios de gracia, las obras de piedad y misericordia, poniendo en un espacio significativo la experiencia cristiana. Se ha encasillado al metodismo como un movimiento de doctrinas y normas rígidas. Pero, cuando a Wesley le preguntan: ¿qué es el metodismo?, él lo definirá como la religión del amor, del amar a Dios y al prójimo. Estos elementos están presentes en la teología pentecostal, que al igual que en el metodismo, pasan por una experiencia primera, el 24 de mayo 1738 de cada creyente, donde “ha experimentado la seguridad que todos sus pecados han sido perdonados” (cita textual de la experiencia de Aldersgate).
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