Día: 15 de diciembre de 2021

<strong>EDITORIAL</strong>

EDITORIAL

Buenas noticias en el horizonte

Para los cristianos, la época de adviento antes de la Navidad señalada por el calendario litúrgico, supone una época en que recordamos la razón principal de la temporada: el nacimiento del Cristo, que nos reconcilia con el Padre a través de su mensaje de buenas noticias. Ese es el evangelio de la verdad, de la justicia, de la paz y de la reconciliación. En suma, es la suprema restauración del Reino de Dios, rescatando los valores que imperaban en el mundo antes del advenimiento del pecado que rompió esa comunión entre el Creador y su creación.

El reino de Dios, que debemos recordar y proclamar, no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Pero todo ello no está limitado a una época del año, especialmente influenciada por la comercialización de todo, incluido el amor y las relaciones humanas, sino que debe ser una tarea permanente. Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó que su Reino se construye todos los días, con esfuerzo, con preparación, con constancia, pero, sobre todo, con esperanza y fe en este Reino “que se ha acercado” a nosotros. Se materializa en el trato que tenemos con nuestros semejantes, especialmente con aquellos que necesitan más de ese amor que Dios provee a todos, a través ti y de mí. Dios reclama amor a Él, pero también a través del amor al prójimo:

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto”.

1 Juan 4:20
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Mensaje Episcopal de Adviento

Mensaje Episcopal de Adviento

Obispo Rodolfo Rivera de la Rosa

Que este tiempo de Adviento pueda ser o siga siendo una oportunidad para vivir y compartir la esperanza que tenemos en Jesucristo. Y así, con fe y esperanza seguiremos alzando la voz en Su Nombre para predicar en cada rebaño y comunidad encomendados, a ese Dios que se acerca en Cristo y que trae salvación y paz. 

Las primeras comunidades cristianas vivieron animadas por la esperanza del inminente regreso de Jesús. Esta esperanza caracterizó su fe y definió sus estilos de vida; que a nosotros, a cada familia y congregación nos defina lo mismo en estos días que nos toca vivir. 

“Señor, Por tanto… te damos gracias. Por tan poco de nosotros… lo sentimos, y por venir, solo Tú Señor!” Que está temporada de Adviento agradezcamos al Señor por tanto y vivamos con esperanza en Su gracia y amor. 

¡Un abrazo!


FUENTE: Facebook Rodolfo Rivera, 7 de diciembre de 2021.

Saludos desde el CMM

Saludos desde el CMM

Saludos de la Vicepresidente del Consejo Mundial Metodista

Gillian Kingston

Beannachtai na Nollag daiobh: ¡bendiciones de Navidad para ti! Con este saludo en irlandés, es mi ruego que disfruten de un Adviento y una Navidad felices y llenos de alegría con quienes más significan para ustedes. Tengamos en oración a aquellos que afrontan la Navidad sin alguien a quien aman: que encuentren consuelo y paz.

Millones de personas pasarán esta época navideña en movimiento, huyendo de los efectos del cambio climático y del terror de la guerra y los disturbios civiles. Oramos por aquellos en los campos de refugiados donde hay poca o ninguna forma de protegerse a sí mismos y a sus familias del Covid-19; para aquellos atrapados en el frío gélido en la frontera de Polonia y Bielorrusia en Europa central; por el pueblo rohinga y otros en Asia y el Medio Oriente que huyen de la persecución debido a su origen étnico y religión; para quienes viven en regiones de África cuyos medios de vida se han visto amenazados por la desertificación y la sequía; para aquellos en la frontera entre México y Estados Unidos…

La imagen de la Sagrada Familia huyendo de la ira de Herodes por la seguridad de Egipto se encuentra en varias de las grandes Cruces Altas de Irlanda. Con siglos de antigüedad, estas cruces se erigieron en monasterios y otros lugares similares en el campo. Talladas en la piedra hay escenas e historias bíblicas, imágenes que continúan recordando a quienes las ven las cuestiones de la fe.

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Engendrado, no Hecho

Engendrado, no Hecho

A medida que nos acercamos a la celebración de la Navidad, es posible que nos encontremos con un lema ahora familiar: «Jesús es el motivo de la temporada». Como todos los lemas, cumple su función. Es breve, memorable y resume un mensaje que es descriptivamente positivo (Jesús es el motivo de la temporada) y apropiadamente polémico ( Jesús es el motivo, no alguien o algo más).

Andrew Stobart

Si retrocedemos mil setecientos años, la Iglesia tenía otro lema que la ayudaba a celebrar la encarnación: «engendrado, no hecho». Escrito en el Credo de Nicea, este lema se convirtió en una expresión de la ortodoxia, dirigiendo a los creyentes cristianos a afirmar una verdad esencial acerca de su Salvador, al mismo tiempo que negaban una herejía desastrosa. Todavía usamos este lema hoy, en el Credo que compartimos, y en uno de nuestros villancicos más populares (la línea ‘engendrado, no creado’ en ‘Venid, todos los fieles’). Sin embargo, a diferencia de ‘Jesús es la razón de la temporada’, ‘engendrado no hecho’ es un lema que nos obliga a fortalecer nuestros músculos teológicos y hacer una reflexión seria. Por lo tanto, es un enfoque apropiado para nosotros este Adviento.

Lo primero es lo primero: ‘engendrado no hecho’ es un lema sobre Jesucristo, y por eso es parte de la reflexión cristiana que llamamos cristología . Si bien es posible que no usemos mucho ese término, no podemos escapar por mucho tiempo de la sustancia de la cristología si realmente queremos ser discípulos cristianos. El discipulado cristiano es intrínsecamente personal , en el sentido de que los contornos de la vida del discipulado no se forman a partir de principios generalizados o intuiciones vagas, sino que son establecidos por la persona de Jesucristo. Todo el asunto de la Iglesia, ya sea en la adoración o en la misión, se realiza mediante la actividad y bajo la dirección del Hijo de Dios resucitado y ascendido, que ahora es adorado apropiadamente como Dios verdadero, con el Padre y el Espíritu.

Lo que esto significa es precisamente la tarea de la cristología. Y también es el trasfondo del eslogan «engendrado, no hecho». Los seguidores del infame teólogo Arrio a fines del siglo III y principios del IV habían tratado de entender el lugar de Jesús en la Iglesia. Seguramente, pensaron, solo puede haber un Dios verdadero, original e inmutable. Jesús, dijeron, en la medida en que es un «segundo» del Padre, debe estar tan cerca de lo divino como puedas sin ser realmente completamente divino. Tenían su propio lema: ‘hubo un tiempo en que Él no estaba’, refiriéndose a Jesús, y hacer lo que sentían era el punto obvio de que el Hijo de Dios sí tuvo un comienzo. Dado que lo divino no tiene principio, y el Hijo (en su entendimiento) tuvo un principio, el Hijo no es completamente divino, sino el primero entre todas las criaturas del Padre.

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<strong>¡Demasiadas luces!</strong>

¡Demasiadas luces!

Es común que en la mayoría de las iglesias, que en estos días se hable mucho de amor y perdón entre nosotros; esto nos une y es bueno, pero NO ES todo el mensaje, es sólo el principio.

Carlos Alejandro Muro Flores

“La Navidad comienza en el corazón de Dios, y sólo está completa, cuando llega al corazón del hombre”. 

La mayoría de nosotros tenemos en la mente en estas fechas la Navidad. Todos sabemos, lo creamos o no, que Jesús vino a nacer en un pesebre; una historia muy bonita que todos conocemos.

Pero, ¿por qué fue un acontecimiento tan importante? ¿Qué tenía de especial que cambio para siempre la percepción del tiempo en un antes y después de Cristo?

Lo primero es que Dios se hizo hombre con un propósito; cambiar nuestra manera de ser, no solo que se contará la historia. Él tenía en mente que volviésemos a tener conciencia de su existencia y del interés que tiene por nosotros. Para los judios esto era comprensible pues estaban esperándo según las profecías, un Salvador. 

Pero, ¿qué de nosotros que no estábamos esperando nada? Ni siquiera sabíamos que alguien necesitaba salvarnos. Y la pregunta genuina sería: ¿de qué?

El único libro que nos habla de Jesús y su propósito de venir a Salvarnos es la Biblia y esta menciona varias cosas al respecto. Una de ellas es que nos enseña, en las mismas palabras de Jesús (ese niño que creció), cuál era su propósito: “No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores y necesitan arrepentirse” (Lc. 5:32). Estas palabras las repite constantemente y van dirigidas a las personas que lo iban a escuchar (algunos por simple casualidad). Lo que ocurría era algo INEXPLICABLE; las personas sentían en su interior la necesidad de un arrepentimiento y Él los perdonaba; inclusive algunas veces los sanaba o suplía alguna necesidad que tenían. 

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Batman y una Canción de Navidad

Batman y una Canción de Navidad

Alan Sánchez Cruz

Diciembre de 2021

Charles Dickens fue un escritor británico nacido un 7 de febrero de 1812 en Landport, Portsmouth, Inglaterra, cuyo genio literario se dio a conocer a lo largo del siglo XIX. Admirado por grandes escritores de la talla de Lev Tolstói, George Orwell o G. K. Chesterton, creó novelas, cuentos y personajes que al día de hoy continúan siendo leídos y representados principalmente en el teatro y en el cine. Debido a que tuvo una infancia y juventud visitadas por la desgracia, sus obras tenían una marcada crítica social; criticaba la pobreza y la estratificación de la sociedad victoriana. A causa del poderío económico del Reino Unido en aquella época, existían marcados contrastes en dicha sociedad: la riqueza era exaltada como el resultado del trabajo, esfuerzo e inteligencia, mientras que la pobreza era vista como el fruto de la incapacidad o la pereza. En sus obras, igual defendía y humanizaba a prostitutas, y desvelaba los interminables, ineficientes y corruptos litigios de la corte de la Cancillería en La casa desolada y La pequeña Dorrit.

En Oliver Twist, novela de 1839, refiere los maltratos de los que fue testigo durante su infancia -la novela tiene tintes autobiográficos- y exhibe la situación vergonzosa de las instituciones de beneficencia, cuyos alcances no eran suficientes para ayudar a niñas y niños, principalmente, que sufrían orfandad y miseria.

Pero más allá de una lección moral, lo que buscaba Dickens era hacer una alegoría de la bondad: ésta podía encontrarse más fácilmente entre asaltantes que entre quienes se ufanaban de «ayudar» a los desamparados. Para él, la bondad sobrevive a cualquier circunstancia, y ésa es la constante de su relato más célebre: Canción de Navidad (1843)[1].

Canción de Navidad (Christmas Carol), una de sus obras más famosas, cuenta la historia de Ebenezer Scrooge, un hombre avaro entrado en años, que recibe la visita del fantasma de Jacob Marley, su antiguo socio comercial. Éste le advierte, a su vez, sobre la postrer visita de los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura. Cada aparición le lleva a distintos estadios de su vida; en el pasado, Scrooge contempla a familiares y amigos de quienes se ha distanciado por circunstancias diversas. Desde una época temprana de su existencia, se ve a sí mismo como un niño retraído, triste. Compadecido al mirarse mancebo y, con lágrimas en los ojos, lamentó no obsequiarle unas monedas a un niño que apenas la noche pasada cantaba villancicos en su puerta. Sus sentimientos contrastan al mirar a personas y amistades antiguas. El fantasma sonrió.

El segundo fantasma le mostró deliciosos manjares y los goces que un centenar de familias disfruta cada Navidad. Paseando por las calles, la gente se saludaba con alegría y visitaba las tiendas de comestibles y los hornos de pan, alistándose para su cena tradicional. Nuevamente, el contraste se hizo presente cuando el espíritu llevó a Scrooge al quicio de la puerta de la casa de Bob Cratchit, empleado en su oficina de prestamista a quien Scrooge le tenía prohibido faltar y, en caso de hacerlo, le descontaba el día. No importaba si era la noche de Navidad. Gran sorpresa se llevó este último, cuando miró a la familia Cratchit compartir aquella noche con alegría, a pesar de las carencias. Se conmovió aún más cuando vio al pequeño Tim, cargado en hombros por Bob, su padre. El niño debía utilizar una muleta, pues sus piernas estaban sujetas por un aparato de hierro; se le ve con una salud tan frágil que el viejo teme vaya a morir.

El tercer fantasma no hablaba con Scrooge y, en cada lugar, le mostraba lo miserable que había sido su vida. En una callejuela, donde dos personas conversaban en torno a un recién fallecido, el uno le decía al otro, “el viejo demonio al final ha tenido lo suyo, ¿no?”. No imaginaba que hablaban de él hasta que el espíritu le llevó a su propia casa y más tarde al cementerio. Scrooge, al percatarse de su realidad, exclamó:

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La Fe que Trabaja por el Amor

La Fe que Trabaja por el Amor

La comunidad completa la experiencia personal de la fe

Claudio Pose (adaptación)

La insistencia del metodismo en la necesidad de una verdadera experiencia personal de encuentro con Jesucristo, no se contrapone con el acento puesto en vivir la fe personal en comunidad. Las dimensiones personal y comunitaria de la fe cristiana se enriquecen mutuamente y se necesitan para ser resplandor de Cristo en la humanidad.

La historia de la Iglesia es generosa en ejemplos de extrapolaciones a la hora de definir cómo se forja la experiencia de la fe en Cristo. En un extremo, existen quienes sostienen que la fe es personal, tan personal que es casi individual. En esa corriente, la iglesia es apenas la suma de las experiencias individuales.

En el otro extremo, el modelo de “cristiandad” presupone que se nace en un ambiente, una sociedad y una cultura que ya es cristiana. Por lo tanto, no existe mucho espacio para experiencias o decisiones personales. Se “nace cristiano” y los pasos posteriores están predeterminados: bautismo, confirmación, etc.

El metodismo nace en medio de una experiencia muy cercana a la del modelo de cristiandad, con las características propias del anglicanismo. Pero a la vez, la influencia de las corrientes puritanas y pietistas, desprendidas de la Reforma prendieron en la Inglaterra de las guerras religiosas del siglo anterior.

Juan Wesley en un tiempo se mostró impactado por la fe de los pietistas. También estudió en profundidad a los padres del desierto de la antigüedad. En ambos casos, interesado por la honda experiencia espiritual. Pero, pronto descubrió Wesley que los pietistas “espiritualizaban” la fe, sin que el amor al prójimo, de manera efectiva pudiera observarse. Hasta era considerado innecesario el servicio para el pietismo, ya que se lo comprendía como “obras”, cuando la justificación es por la fe.

De los padres del desierto, Wesley criticó el exacerbado individualismo que los llevaba al desierto en la soledad. No existía una dimensión comunitaria de la fe. También, luego de estudiar a los místicos españoles, llegó a una conclusión similar. Wesley afirmaba que, para los místicos, la contemplación consistía “en la suspensión de toda obra”.

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