¿A poco deveras pensamos y dejamos pensar?
Abner Alaniz Rangel
Con mi dedicatoria a Susana Zapata
¡Otra vez la burra al maíz¡ A solicitud expresa de quienes detentan el poder, por enésima vez, he debido comparecer ante una incompleta Comisión de Relaciones, -faltaron algunos de su miembros- para exponer mis motivos y razones de algunos de mis escritos, que han provocado cierto malestar en esas esferas. Y me queda claro, que en la mayoría de los casos, las jerarquías, públicas, privadas o religiosas, no debaten ideas, sino defienden su “status quo”.
Es cierto, que el corazón tiene exageraciones que la razón no conoce, pero mis pocos lectores habrán de reconocerme el mérito de que jamás he actuado con dolo, que mi pasión por el metodismo y su doctrina me llevan a defender a “capa y espada”, lo que considero de valía para nuestra iglesia a fin de que las nuevas generaciones a lo menos conozcan mi versión. En mi pluma aletea el espíritu, que pone luz en las inteligencias y en los corazones el fuego del amor a nuestra iglesia, usando los escritos como herramientas humanas y, por qué no, divinas.
¿Cuál es el prurito de desestimar las sugerencias, que mediante mis escritos hago a los interesados en el episcopado, para presentar un plan de acción que permita al electorado tener un voto razonado? Escudarse, en la Disciplina y su actual articulado, no los exime de su responsabilidad histórica, en caso de llegar a la suprema magistratura.
Hace muchos años, se conformó un grupo de pastores y laicos, que nos propusimos ser un movimiento revolucionario metodista. Teníamos nuestras reuniones en el salón social de la Iglesia de Beethoven 133. Se hizo un diagnóstico situacional de nuestra iglesia, se sacaron valiosas conclusiones que se pusieron en práctica y, como corolario de dichas reuniones, fuimos a Pachuca, Hgo. a entrevistarnos con el Pbro. Raúl Ruiz Ávila y, después de auscultar su sentir, finalmente, solicitamos aceptara se le elevara a la suprema magistratura del episcopado. ¡Y resultó! ¡Votaron por él!
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